Ni camino sin atajo ni campana sin badajo.
La condición del tordo, la cara delgada y el culo gordo.
Fácil es criticar y difícil obrar.
Se conoce a sí mismo aquel que vive en armonía con el universo navajo.
Sé templado en el beber, considerando que el vino demasiado ni guarda secreto ni cumple palabra.
Cada cosa en su sitio y un sitio para cada cosa.
Hacer pinitos.
Cuando Dios cierra una puerta, abre una ventana.
Caballo de andadura poco dura.
Hasta al más superdotado, le sale un hijo tarado.
A cada cabeza, su seso.
Cuando el ventero está en la puerta, el diablo está en la venta.
El que mucho te cela es porque bien te quiere.
Llave que en muchas manos anda, nada guarda.
En el amor y en las luxaciones las recaídas son frecuentes
Diligencia vale más que ciencia.
Si hubieres menester a alguno, bésale en el culo, si él te hubiere menester, bésete él.
El que quiera/e la col, quiera las hojas de alrededor.
Si tu mano se cubre de grasa apóyala sobre tus mejores amigos
Jugar la vida al tablero.
Así se mete, como piojo en costura.
El tramposo, el codicioso y el tahúr, presto se conciertan.
Pedro se casó en mi pueblo, cojo, manco y jorobado; cómo seria la novia si fue engañado.
Es más popular que la adelita.
Para aprender, lo principal es querer.
De la naranja y la mujer, lo que ellas den.
Maderos hay que doran, maderos hay que queman.
Hombre de muchos oficios, maestro de ninguno.
Quien mal padece, mal parece.
Derramar vino, buen desatino; derramar sal, mala señal.
Cuenta el milagro, pero no digas el santo.
Ninguno pierde jugando lo que gano cavando.
El pan comido, hace al que lo da amigo.
Agosto lleva la culpa y Septiembre la pulpa.
En la duda, ten la lengua muda.
La muerte en la patria es agradable.
El que huye, obedece.
El miedo guarda la viña.
Variante: El pez que busca el anzuelo, busca su duelo, dice mi abuelo.
No se toman truchas a bragas enjutas.
Sé justo con todos, pero no confíes en todos.
En un recinto sagrado, ora; en una pista de baile, baila.
Estás entre la espada y la pared.
A gallego pedidor, castellano tenedor.
Incauto fui, hasta que cayendo aprendí.
Antes se llena el cuajo que el ojo.
Asno, juez y nuez, a golpes dan sus frutos.
Hasta la hora del luto, ojo enjuto.
Entre gavilla y gavilla, hambre amarilla.
El que desalaba la yegua, ése la merca.