¿De dónde eres, hombre?. De la aldea de mi mujer.
Como te cuidas, duras.
El que no mira, suspira.
Para lo malo, de peña; para lo bueno, de cera.
La mujer golosa o puta o ladrona.
La manzana roja siempre tiene algún defecto.
Hasta el saber rebuznar tiene su poquito que estudiar.
Los grandes pensamientos nacen del corazón, los grandes sentimientos vienen del cerebro
Corazón apasionado no sufre ser aconsejado.
Hechos son amores y no buenas razones.
Que en el año nuevo lleves la mano derecha extendida siempre para ofrecer amistad, nunca para pedir.
Jugar y nunca perder, no puede ser.
La ignorancia es abuela del saber.
Comer bien cagar fuerte y no tener miedo a la muerte.
No todo el que llora, de pena llora.
Abranla piojos, que ai les va el peine.
Es como la mierda del pavo que ni sabe ni huele.
La razón no quiere fuerza.
Una sola vez no es costumbre.
No conviertas en amigo al que has vencido
Un señor sí y un señor no, son dos señores.
El mejor perro, el de casa; la mejor mujer, la del vecino.
No hay mejor amigo ni pariente que uno mismo
La vida del puerco, corta y gorda.
Nadie se meta donde no le llaman.
La mujer holgazana, solo el sábado se afana.
Le debe a cada santo una vela.
Quien en ruin lugar hace viña a cuestas saca la vendimia.
De padre carpintero, hijo zoquete.
En sí toma buena doctrina el que en cabeza ajena se castiga.
Quien casa una hija, gana un hijo.
El corazón manda en los ojos, y les hace trampantojos.
El necio dispara pronto sus dardos.
Quien se quemare, que sople.
Lo mal adquirido, se va como ha venido.
Es más feliz el que regala que el que recibe.
Ni de estopa buena camisa, ni de puta buena amiga.
Cásate por la dote, y de tu mujer serás un monigote.
Nadie, nadie se conmueve, por la sed con que otro bebe.
A golpe de mar, pecho sereno.
El cornudo es el último que lo sabe.
Dios me guarde de mis amigos, que de mis enemigos ya me cuido yo.
Si quieres quedar bien, nunca digas que te va muy bien.
A nadie le huelen mal sus pedos, ni le parecen sus hijos feos.
Sueños de hombre pobre, pedos de burra vieja.
El brazo a trabajar, la cabeza a gobernar.
Hasta el final nadie es dichoso.
Amor, opinión y fortuna corren la tuna.
Por San Blas, el besugo atrás.
Las palabras de oro van a menudo seguidas de actos de plomo.