Toro y gallo, y trucha y barbo, todo en Mayo.
La letra, con sangre entra.
De lo hermoso, hermoso es el otoño.
La habilidad del artífice se conoce en su obra.
Hijos casados, duelos doblados.
El hombre es verdaderamente libre cuando ni teme ni desea nada
Cada uno tiene su alguacil.
Negocian los hombres sabios, disimulando injurias y sufriendo agravios.
A cada ermita le llega su fiestecita.
Contra peón hecho dama, no para pieza en tabla.
Verifica siete veces antes de cuestionar a una persona.
Hacerse el ignorante para chupar manteca.
Más vale poco y bien tenido que mucho y mal atendido.
El que tarda en dar lo que promete, de lo prometido se arrepiente.
Adonde el corazón camina, el pie se inclina.
El cuerdo nunca se satisface de lo que hace.
La casa caída, el corral agrandado.
Juego que tiene quite, no tiene pique.
En la amistad, quien más da, menos recibe
Quien quiera saber, que compre un viejo.
Bien sabe el asno en que casa rebuzna.
Estoy hasta las manos.
Hambre, frío y cochino hacen gran ruido.
Beber, para comer; y aún eso, sin exceso.
Romería de cerca, mucho vino y poca cera.
Hombre hablador, nunca hacedor.
Un aumento de caudal nunca viene mal.
A la par, es negar y tarde dar. A la tercera va la vencida.
A quien con mierda trasiega, algún olor se le pega.
Porfía mata venado, que no venablo.
Adonde hay más. Adonde no está su dueño, allí está su duelo.
Abre para todos tu boca y para todos tu bolsa.
A burra vieja, albarda nueva.
El hablar bien, poco cuesta.
El hombre propone, Dios dispone y el diablo descompone.
Dijo la rana a la liebre: "Quita de ahí so valiente.".
Bien ajeno es la hermosura, y, sobre ajeno, poco dura.
La hija, donde pudieres; el hijo, donde quisieres.
¿Cómo hay que vivir al lado de la gente? ¿Obra desconsideradamente, vive, el que sostiene y eleva a los hombres?
Caballo andador tropezador.
Son necesarios los amigos hasta en casa del diablo
Más vale hasta el tobillo que hasta el colodrillo.
Donde otro mete el pico, mete tú el hocico.
Estrenar casas y domar potros, otros.
Lo de esta vida es prestado, que en un instante lo hemos de dejar como otros lo han dejado.
A la gallina no le pesan sus plumas.
Palabra o piedra suelta, no tienen vuelta.
Saca, pero pon, y siempre habrá en el bolsón.
Del que yo me fío me guarde Dios, que de los que no me fío, me cuido yo.
Cuando la puta hila y el rufián devana y el escribano pregunta cuantos son del mes, mal andan los tres.