Ni en pelea de perros te he visto
No enciendas un fuego falso frente a un dios verdadero
A mejor cazador se le va la paloma.
La ingratitud embota la virtud.
Ante la duda, abstente.
Hay golpes tan fuertes en la vida, yo no sé!
Cargos son cargas, a veces muy pesadas.
Fuiste con el abogado y ya saliste escaldado.
Quien quita lo que da, al infierno va.
Algo es algo, dijo, al ver un hueso el galgo.
Según es el dinero, es el meneo.
Dame para elegir y me darás para sufrir.
Mal ajeno, a nadie le importa un bledo.
Besos y abrazos no hacen muchachos.
El que evita la tentación, evita el pecado.
No hay peor ladrón que el de tu misma mansión.
Ni amor forzado, ni zapato apretado.
Hablar a tontas y a locas.
Guárdame de aquel en quien tengo puesta mi confianza, que de quien desconfío, me guardaré solo.
El que no tranza no avanza.
Regalos, regalos, ¡a cuántos buenos hicisteis malos!.
Ocho días antes se arremanga el fraile.
Si quieres saber de verdad qué piensa de ti tu vecino, riñe con él.
A quien está en su tienda, no le achacan que se halló en la contienda.
Habla de la guerra, pero no vayas a ella.
De tal palo tal astilla.
No es villano el de la villa, sino el que hace la villanía.
Como el gazapo, que huyendo del perro dio en el lazo.
Casa y potro, que lo haga otro.
No vayas de romería, que te pese al otro día.
Aramos, dijo la mosca, y estaba en el cuerno del buey.
El día que te cases salen tus faltas y el día que te mueras, tus alabanzas.
Agua fina saca la espina.
El vino y la mujer se burlan del saber.
Dijo la sartén al cazo: ¡apártate gorrinazo que me tiznas!.
Al que mucho se agacha, el culo se le ve.
Ni es carne, ni es pecado.
Más vale prevenir que tener que lamentar.
Cae más pronto un mentiroso que un cojo.
Cosa prometida es medio debida, y debida enteramente si quien promete miente.
Cuidado con la adulación
Lo imposible, en vano se pide.
Cuando dos elefantes riñen la que se lamenta es la hierba.
El que quiere besar, busca la boca.
Bestia alegre, echada pace.
Abad de Somosierra, hartos de nabos y berzas.
A palabra necias, oídos sordos.
Bien haya quien a los suyos se parece.
Al confesor y al abogado, no les tengas engañados.
Hijos y duelos nos hacen gastar pañuelos.