Ora en juego, ora en saña, siempre el gato mal araña.
Desde pequeñito le amarga el culo al pepino.
Huir por vileza es vergüenza, evitar un peligro es prudencia.
No des a guardar ni al niño el bollo, ni al viejo el coño.
Un día es un día, y una paliza es un rato.
No hay dicha, sino diligencia.
Por fornicar y andar desnudo no matan a ninguno.
No saber una jota.
Abre la boca que te va la sopa.
A tuertas ni a ciegas, ni afirmes ni niegues.
No hay quien escupa al cielo que a la cara no le caiga.
Malo es pecar, y diabólico perseverar.
Contra el amor es remedio poner mucha tierra en medio.
La sarna que no pica, a nadie mortifica.
Mal me quieren las comadres, porque les digo verdades; mal me quieren las vecinas, porque les digo mentiras.
El que no tiene hijos los mata a palos.
Quitada la causa se quita el pecado.
Quien fuerza ventura, pierde rencura.
Las indirectas del padre Cobos.
En casa del ahorcado, no mientes la soga.
La envidia es en el ruin lo que en el hierro el orín.
El que no agradece, al diablo se parece.
La mujer golosa o puta o ladrona.
Dar patadas de burro.
A quien a soplos enfría la comida, todos le miran.
También al verdugo ahorcan.
Amor de mujer y halago de can, no duran si no les dan.
Alcalde que por momentos se dispara, háganle arrimar la vara.
El mandar no tiene par.
El que tarda en dar lo que promete, de lo prometido se arrepiente.
A pan ajeno, navaja propia.
Más haces callando que gritando.
Donde tengas la olla no metas la polla.
No hay ausencia que mate, ni dolor que consuma.
Freídle un huevo, que dos merece.
La violencia es el refugio de las mentes pequeñas.
Buey sin cencerro, piérdese presto.
Fraile de buen seso, guarda lo suyo y guarda lo ajeno.
Aguja en pajar, mala es de hallar.
Roer siempre el mismo hueso
Nadie apalea a un perro muerto.
Palabra de cortesano, humo vano.
El alcalde de mi pueblo, ¡qué burro tiene que ser!, para mandar en nosotros, que semos más burros que él.
La justicia cojea, pero llega.
Edificar sobre arena no es buena labor.
A lo que has de negarte, niégate cuanto antes.
Juego mayor quita menor.
La liebre que salta la mata es de quien la mata.
Juzgué de ligero y arrepentirme presto.
Quebrásteme la cabeza, y ahora me untas el casco.