Da a los ricos lo suyo, a los pobres lo tuyo.
Cuando el bien te sale al encuentro, mételo dentro.
Jueguen con el santo, pero no con la limosna.
Vicio es callar cuando se debe hablar.
Un secreto bien guardé; aciértalo tú, que yo lo diré.
A fullero, fullero y medio.
Cuando una puerta se cierra, ciento se abren.
Para conservar amistad, pared en medio.
Trabajando por cuenta ajena, poco se gana y mucho se pena.
Si una puerta se cierra, otra se abre.
Muy amigos, pero el borrico en la fermoso.
Ni el prometer empobrece, ni el dar enriquece.
Saberlo ganar y saberlo gastar, eso es disfrutar.
La necesidad al menesteroso le obliga a ser mentiroso.
Juego y bebida, casa perdida.
Las firmes amistades se hacen en las mocedades.
Cuando dos pleitean, un tercero se aprovecha.
Camarón que se duerme amanece en el mercado.
Ni comer sin beber, ni firmar sin leer.
A buen comer o mal comer, tres veces beber.
No fíes ni porfíes, ni prometas lo incierto por lo cierto.
Una cosa piensa el borracho, y otra el cantinero.
El que me hace más bien de lo que suele, o engañado me ha o engañarme quiere.
Una mentira bien echada, vale mucho y no cuesta nada.
Bueno es el amigo, querido el pariente, pero pobre tu bolsillo si dentro no hay nada.
Buena, por ventura; mala, por natura.
El vulgo es necio y pues lo paga, es justo hablarle en necio para darle gusto.
Emprestaste, perdiste al amigo.
Buen amigo y compañero es el que no nos pide dinero.
Amigo por amigo, el buen pan y el buen vino.
Quien tiene alforjas y asno, cuando quiere va al mercado.
Hasta meter, prometer; y después de metido, se acabó lo prometido.
El siguiente vicio es la mentira, si el primero son las deudas.
Dad limosna a este pordiosero, que le sobró vida y le faltó dinero.
Hablar a calzón "quitao".
Bienes de campana, dalos Dios y el diablo los derrama.
Que aprovecha bien ganar, ¿para mal gastar?
Buena demanda o mala demanda, el escribano es mi banda.
A fullería, cordobesías.
Razón y cuenta, amistad sustenta.
Necesidad disimulada es necesidad doblada.
Hecha la ley, hecha la trampa.
El buey conoce a su dueño y el burro el pesebre de su señor.
Al hombre osado, la fortuna le da la mano.
La amiga y la espada antes dada que prestada.
Un hombre ocioso es compañero de juegos del diablo.
El destino baraja, nosotros jugamos.
En las cosas del corazón, no manda uno, mandan dos.
El necio o no se casa o se casa mal.
Hasta al de más discreción, la plata lo hace soplón.