El tiempo es como una flecha que vuela.
Cada loco con su tema y cada cuerdo con su apotema.
Razones sacan razones.
Dios está en todos lados pero atiende en la capital.
Regostóse el asno a las berzas, no dejó verdes ni secas.
Ofrecer y no dar, es deber y no pagar.
Por más bonita que sea, también suda, caga y mea.
Los ojos todo lo ven, y a sí mismos no se ven.
Esta es la gota que derramo el vaso.
Ni hombre que ralla, ni asno que brama.
A días claros, oscuros nublados.
Lo ajeno place a nosotros y lo nuestro a otros.
Viejo soy y viejo serás: cual me veo, así té veras.
No acortes el paso, no aflojes ni desmayes.
Hay una gran fuerza escondida en una dulce orden.
Ni casa en dos lugares, ni paja en dos pajares.
El que siembra alguna virtud. coge fama.
Leña verde no ahuma, pero ennegrece.
La boca que no habla se escucha con dulzura.
La oveja mansa, se mama su teta y la ajena.
La intención hace la acción
La conciencia es a la vez, testigo, fiscal y juez.
Riñen las comadres y dícense las verdades.
En casa y en amores, entras cuando quieres y sales cuando puedes.
Todo lo que me gusta es pecado o engorda.
La larga experiencia, más que los libros enseña.
Berzas y nabos, para en uno son entrambos.
El cuerdo nunca se satisface de lo que hace.
Nunca hagas grande a quien nació rastrero.
La cama y la puerta dicen si la mujer es puerca.
Mente pura e intención pura otorgan visión clara, sabiduría y profundidad de comprensión.
De sabios es cambiar de parecer.
El agua hace sudar; el vino, cantar.
Estas son de mi rodada.
El que pide y no da, siempre algo tendrá.
El que tiene tierra, tiene guerra.
De lo que se come se cría. Y criadillas comía.
Disfruta cada momento porque la vida es corta.
La Luna cercada, de lluvias cargada.
Gana tiene de otra cosa la doncella que retoza.
Cuando el sol sale, para todos sale.
De la mujer el consejo apresurado, del hombre el postrero y mesurado.
El que por su gusto corre, nunca se cansa.
Pan, vino y carne, crían buena sangre.
Beber y comer, son cosas que hay que hacer.
Sobre brevas, ni agua ni peras.
Fiate de Dios y no corras.
Prudente espera es mejor que cometer un error.
Los hombres ganan la hacienda, y las mujeres la conservan.
¡Somos gente pacifica y no nos gusta gritar! (Transición española)