Haz bien y échalo al mar; si los peces lo ignoran, Dios lo sabrá.
El remedio más noble contra las injurias es el olvido.
El cazador que persigue a un elefante no se detiene para tirar piedras a los pájaros.
Por muchos golpes que de el martillo, el yunque siempre durará más.
Cuando se pelean las comadres, salen a relucir las verdades.
La batata la hizo Dios, el boniato, no.
Buena barba, de todos es honrada.
A mal viento va esta parva.
Carrera de caballo y parada de borrico.
Por carne, vino y pan, deja cuantos manjares han.
Se sabe donde se nace, pero no dónde se muere.
La verdad no peca pero incomoda.
Querer sanar es media salud.
Sé justo con todos, pero no confíes en todos.
Quien bien conoce el camino, llega sano a su destino.
Solo sé que nada sé y ni aún de eso estoy seguro.
La carta no se pone colorada.
La fortuna menos la encuentra quien más la busca.
Para el solano, agua en mano.
Mancha en honra, más pronto se echa que se borra.
Calabazas coloridas, en otoño recogidas.
Caliente la comida y fría la bebida. Porque para ser sanas deben ser así.
El amor vence todo.
El que da lo que tiene antes de la muerte merece que le den con un canto en los dientes.
A fraile no hagas cama; de tu mujer no hagas ama.
Para su madre no hay hijo feo.
Casa empeñada, pobre y desamparada.
Nunca falta de que reírse.
El huevo, fresco, y el pan, moreno.
Lo poco, nunca dio mucho.
A quien se hace puntal los perros le orinan en el cuello.
Cosa buena es arrepentirse, pero mejor cosa aún es no exponerse a ello.
Por miedo a los gorriones, no se deja de sembrar cañamones.
El que al asno alaba, tal hijo le nazca.
La enseñanza sin palabras y el beneficio de no actuar no tienen en el universo absolutamente nada que ver
Bastante tiene que hacer el que estudia para complacer a los tontos.
El que poco pide, poco merece.
El mejor sol es el que calienta hoy
La esperanza es lo último que se pierde.
Peso y medida quitan al hombre fatiga.
Conocemos más a una persona por lo que dice de los demás, que por lo que dicen de ella.
Las leyes van, a donde quieren los reyes.
Río, señor, horno, mulo ni molino, no lo tengas por vecino.
De Gumiel de Izán, ni hombres ni pan.
Ayúdate que Dios te ayudará.
La gente se arregla todos los días el cabello, ¿por qué no el corazón?.
A siervos y a reyes, da Dios unas mismas leyes.