El mundo es una rosa, huélela y pásala a tu amigo
Aunque uno esté dormido, no deja de amanecer.
Dentro del cielo tú forjas tu designio. Lo decretarás: ¿acaso te hastíes y aquí nos escondas tu fama y tu gloria en la tierra? ¿Qué es lo que decretas?
Adoba tu paño y pasarás tu año.
Joven madrugador, viejo trasnochador.
Por los cuernos se agarra el toro.
O faja o caja.
Haz como la campana, que tañe y calla.
El ofrecer no empobrece, es el dar lo que aniquila.
A honra demasiada, interés hay encubierto.
No hay bien que dure, ni mal que no se acabe.
Lo que los ojos no ven, el corazón no lo desea.
Abogacía, que una boga y otra cía.
Si has obtenido la riqueza con falsos juramentos, tu corazón será pervertido por tu vientre.
No hay fecha que no se cumpla, plazo que no se venza, ni deuda que no se pague.
Hay más días que sandías.
La mujer, hermosa y la galga, golosa.
Al amigo falso, tómelo el cadalso.
Aún no es parida la cabra y ya el cabrito mama.
Lo que te dice el espejo no te lo dice tu hermana carnal.
Con gente de mala casta ni amistad ni confianza.
El que usó mal incienso debe atenerse a quemarse las mangas.
Quebrásteme la cabeza, y ahora me untas el casco.
El amor entra con cantos y sale con llantos.
La necesidad hace a la vieja trotar.
Agua detenida es mala para bebida.
Quieres más o te guiso un huevo.
Perro en tierra barbechada, no guarda nada.
A ellas padre, vos a las berzas y yo a la carne.
Quien empieza ganando, acaba llorando.
El hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra.
El amor de la mujer, en la ropa del marido se echa a ver.
La sed por el oro, socava el decoro.
Más vale la sal, que el chivo.
Ahí lo tienes, si te condenas, que te condenes.
Ratones y falsos amigos, huyen cuando oyen ruido.
Las tormentas de San Juan quitan vino y no dan pan.
El agua para los peces; para los hombres, vino a montones.
Ninguno por ser querido se esfuerce, que a veces lo torcido se destuerce.
Tras cada tres bocaditos, un traguito.
A las personas recién se las valora cuando se las pierde.
El perro con rabia, de su amo traba.
Para que no pierda el paso la burra, de cuando en cuando una zurra.
El que tiene vergüenza, ni cena ni almuerza.
Ni siquiera un dios puede cambiar en derrota la victoria de quien se ha vencido a sí mismo.
Una equivocación, cualquiera la tiene.
Pase mayo, y pase pardo.
Quien dice su secreto, de libre que era se hace siervo.
El venido es preferido, que el ausentado pronto es olvidado.
Déjate la vergüenza atrás, y medrarás.