Las arrugas son la tumba del amor
Quién come para vivir, se alimenta; quién vive para comer revienta.
Hacer algo de cayetano.
Orgullo, riqueza y hermosura son nada en la sepultura.
Ir romera y volver ramera le sucede a cualquiera.
A burro muerto, la cebada al rabo.
Ausente, apenas viviente.
Ni fíes de hombre cejunto, ni tengas miedo a un difunto.
No tientes al diablo que lo veras venir.
Más vale hacer frente al peligro una vez que vivir siempre con temor.
Quien no valora la vida, no se la merece.
Abeja muerta, ni miel, ni cera.
El casado por amor vive vida con dolor.
El que a larga vida llega, mucho mal vio y más espera.
Hacer más daño, que un buey por un tejado.
Si quieres matar a un fraile, quítale la siesta y dale de comer tarde.
A la de tres va la vencida.
No vas a morir de parto ni de cornada de burro.
El arroz, el pez y el pepino, nacen en agua y mueren en vino.
Mala cosa nunca muere.
Arroz y merluza, melón y pepino, nacen en agua y mueren en vino.
Dicen que es malo llegar a viejo, pero es peor no llegar a serlo.
Un hombre sin relación, es un hombre muerto.
Son muchos los hijos del muerto.
El luto de la abuela, corre que vuela, y el del abuelo, lo que dura el duelo.
Ni hermosa que mate, ni fea que espante.
De las angustias, la muerte; de las fieras, las mujeres.
Celos y envidia quitan al hombre la vida.
Llegar a la capada.
Dar con la puerta en la cara.
Querer es poder.
El que a Cristo se mete termina crucificado.
Por un perro que maté, mataperros me llamaron.
Algún día, ahorcan blancos.
Predicar en desierto es como aconsejar a un muerto.
A llorar al cuartito.
Hacer ruido, para sacar partido.
Niña, no te desesperes, que el que ha de ser para tu, ni se casa ni se muere.
Para poca ventura, remedio es la sepultura.
De todos olvidado, muerto y no enterrado.
Llegar al humo de las velas.
Ningún muerto ha regresado, ni a dar un simple recado.
Idos y muertos, olvidados presto.
Buena vida, arrugas tiene.
Más vale el placer que dura un momento que el dolor que dura una vida.
De esperanzas vive el hombre, pero muere de desilusiones.
Dar una en el clavo y ciento en la herradura.
Un cobarde piensa que vivirá para siempre si evita a sus enemigos; pero ningún hombre escapa a la vejez, incluso si sobrevive a las lanzas.
Quitáronle a la tuerta, y diéronlo a la ciega.
Hoy figura, mañana sepultura.