Al desagradecido, desprecio y olvido.
Cuando el alumno esté listo para aprender, un maestro aparecerá.
Confesión espontánea, indulgencia plena.
El que consigue algo tiene mucho, pero el que guarda tiene más.
Rucio rodado, antes muerto que cansado.
Cada cosa tiene su precio.
Ni tanto que queme al santo ni tan poco que no le alumbre.
Quien hizo el cohombro que lo lleve al hombro.
El que no te conozca, que te compre.
El bobo todo lo sabe hacer cuando no es menester.
Cuando se vuelven las tornas, medio mundo se trastorna.
Saber es poder.
Solo se cumplen los sueños de los que los tienen.
Entre la cuna y la sepultura no hay cosa segura.
La falta de respuesta es en sí misma una respuesta.
En la noche y sobre el muro, todo gato se ve oscuro.
Madre, casarme quiero, que dormir sola me da miedo.
Hombre hablador, nunca hacedor.
La belleza atrae, el talento retiene y el corazón sostiene.
Al tomar mujer un viejo, o tocan a muerto o a cuerno.
Si el grumete supiera y el patrón pudiera, todo se hiciera.
Más quiero poco seguro que mucho en peligro.
El oficial hace la obra, y el maestro la cobra.
A enfermo de encontrón, medicina de trompón.
Del que mucho cela a su mujer, guardate como de Lucifer.
Falso por natura, cabello negro, la barba rubia.
El enamorado, ve en la verruga de su novia un lunar encarnado.
Voluntad tiene a los tronchos quien abraza al hortelano.
Parecer uña y carne.
De mercader a ladrón, un escalón.
Dios está en todas partes.
Lluvia y sol, casamiento de vieja.
De lo que más te salga al paso, no hagas caso.
No puede el hombre huir la fortuna que le ha de venir.
Esto esta hecho nomás a que aguante entrega.
De sol de tarde, Dios te guarde.
El que quiera honra, que la gane.
Las cosas importantes quedan en el cajón.
De dineros y bondad o, calidad, quita siempre la mitad.
En el pedir no hay engaño.
Amor fino y buena mesa no quieren prisa.
No duerma tranquilo quien debe; que no hay plazo que no llegue.
Quien se quemare, que sople.
Estudiante y diablo, una misma casa con dos bocados.
Cada uno en su negocio sabe más que el otro.
Marzo marcero, por la mañana rostros de perro, por la tarde valiente mancebo.
De sabios es cambiar de parecer.
Quien se va lejos, vivo está y le tienen por muerto.
Un mes antes y otro después, es invierno de verdad, que es cuando llegan los dos hermanos, moquito y soplamanos.
Por mucho que un hombre se afane, siempre hay quien le gane.