Herrero que no ve, de una aguja saca tres.
En tal mundo vivimos, que para lo que queda por ver, no es nada lo que vimos.
Esconder la ignorancia es hacerla crecer.
Con los curas a oscuras nunca te quedes, que aunque llevan refajos no son mujeres.
¿Quién sabe las vueltas que puede dar una llave?.
A cordero extraño, no agasajes en tu rebaño.
Santa tú y santo yo, el diablo nos juntó.
Tan bien parece el ladrón ahorcado, como en el altar el santo.
No jales que descobijas.
Aquel es tu amigo, el que te quita el ruido.
Dime de lo que presumes y te diré de lo que careces.
El pecado te acusa.
A quien no la teme, nada le espanta.
De ventero a ladrón, no hay más que un escalón.
Una hierba es una planta cuyas virtudes esperan para ser descubiertas.
De prometer a dar, hay unas lenguas de mal andar.
La mujer tiene que arreglarse, la joven para agradar y la vieja para no espantar.
A tu amigo dile la mentira, si te guarda paridad, dile la verdad.
El que ama el peligro, en él perece.
Lo que hoy parece, mañana perece.
Quien guarda su puridad, excusa mucho mal.
La ciencia siempre es decente, y la ignorancia insolente.
Amor nunca dice basta.
En el juego y el licor, se reconoce al señor.
El que guarda, halla.
La hermandad hace al masón, y el presupuesto al "mamón".
Enero caliente, el diablo trae en el vientre.
El amor y la fe, en las obras se ve.
Diligencia vale más que ciencia.
Al engaño, con engaño.
El hijo que sale al padre, saca de duda a la madre.
En la mesa y en el juego, se conoce al caballero.
Confesión hecha, penitencia espera.
En cama extraña, no se junta las pestañas.
La cara del santo hace el milagro.
A otra cosa mariposa.
Del santo me espanto, del pillo, no tanto.
Quien ama, teme.
Mal acierta quien solo el interés se lleva.
Las iras de los amantes suelen parar en maldiciones.
Mucho sabe quien callar sabe.
Pregúntaselo a tu padre, que tu abuelo no lo sabe.
Astucia e' zorro es mejor, que olfato e' buen cazador.
Alacena de dos llaves, la una entra cuando la otra sale.
Sabiduría probada, no dársele a uno para nada.
El diablo abre la puerta, y el vicio la mantiene abierta.
Del mal que hicieres no tengas testigo, aunque sea tu amigo.
Hasta que no muera el arriero, no se sabe de quién es la recua.
¿A un perdido, quién lo pierde?.
La gente asustada, no ve ni oye nada.