Cada cual sabe donde le aprieta el zapato.
los hombres son de oro y las mujeres de tela.
Dios aprieta pero no ahoga.
Hombres de noche, muñecos de día.
A brutos da el juego.
Las obras de caridad dicen quien es hombre de bondad.
Uñas de gato, y cara de beato.
Mi casa, mi mesa, y mi mujer, todo mi mundo es.
Por carne, vino y pan, deja cuantos manjares han.
Casa hecha y mujer por hacer.
Por San Vicente, alza la mano de la simiente.
El corazón humano es difícil de palpar, como la molleja del pato es difícil de pelar.
Piensa la araña que todos son de su maña.
Lo mío, mío; y lo tuyo, de entrambos.
Tirar la piedra y esconder la mano, es cosa del villano.
El hombre a tirar el mocho y la mujer al sancocho.
El hombre haragán trabaja solo al final.
Cara sin dientes, hace a los muertos vivientes.
En las cosas del corazón, no manda uno, mandan dos.
Entre mozas y mozos, pocos retozos.
Dando gracias por agravios, negocian los hombres sabios.
Ya vienen los dos hermanos, Moquita y Soplamanos.
La sardina y el huevo a dedo.
Quien compra ha de tener cien ojos; a quien vende le basta uno solo.
El mismo cuchillo me parte el pan y me corta el dedo.
De tal palo tal astilla.
De pies a cabeza.
Cada cual mire por su cuchar.
Menea la cola el can, no por ti sino por el pan.
Haber muchos cocos por pelar.
Gran tocado y chico recado.
Una mano y un pie no aplauden juntos.
Es como la gatita de Maria Ramos, que tira la piedra y esconde la mano.
La carne está pronta y el cuchillo no corta.
Aprende de maestro y vendrás a ser diestro.
Con la boca es un mamey.
Indio, mula y mujer si no te la han hecho, te la van a hacer.
Un hombre demasiado ocupado para cuidar de su salud es como un mecánico demasiado ocupado como para cuidar sus herramientas.
Juegos, pendencias y amores, igualan a los hombres.
La pascua del aldeano, la barba hecha y el tejuelo en la mano.
Bien me quieres, bien te quiero; no me toques el dinero.
Figa verdal y moza de hostal, palpando se madura.
Mi nuera es tan elegante, que hasta para fregar se pone guantes.
De ausente a muerto, no va un dedo.
Variante: Ver para creer y para no errar, tocar.
En casa de Manuel, él es ella y ella es él.
Cuando el dedo señala a la luna el imbécil mira el dedo.Proverbio chinoA palabras necias, oidos sordos.
Oficio ajeno, dinero cuesta.
A la mesa, de los primeros; al trabajo, de los postreros.
Berzas y tocino, manjar de vizcaíno.