Al pan pan y al vino vino, y el gazpacho con pepino.
Oigamos, pero no creamos hasta que lo veamos.
Los azotes duelen según el tamaño del culo.
El que no tiene mujer, bien la castiga, y el que no tiene hijos, bien los cría.
Hasta ajustar, regatear.
¿Cómo hay que vivir al lado de la gente? ¿Obra desconsideradamente, vive, el que sostiene y eleva a los hombres?
El cerdo siempre busca el fango.
A confesión de parte relevo de prueba.
No le busques ruido al chicharrón.
Como que se murió si me debía.
El amigo no es conocido hasta que está perdido
Quien se casa, casa quiere.
Olla de tres vuelcos, tres manjares diversos.
Al que tiene mujer hermosa, finca en frontera o viña en carretera, nunca le faltará guerra.
No siempre el mejor camino es el más corto.
Cuatro ojos ven más que dos.
Lo que tiñe la mora, otra verde lo decolora.
El que la hace, la paga.
Del ahogado, el sombrero.
Hijos casados, trabajo doble.
No estés jugando en el bar si has de plantar el melonar.
Naranja agria en ayunas, salud segura.
Variante: Si la envidia fuese tiña, ¡cuánta pez se gastaría!.
La crítica debería de ser como la piedra de afilar, que aguza sin cortar.
Las palmas son más altas y los burros comen de ellas.
Bien ajeno es la hermosura, y, sobre ajeno, poco dura.
De ausente a muerto, no va un dedo.
En mente obtusa, la letra, ni a punta de palo penetra.
El que no va por la mar, no sabe a Dios rogar.
La virtud en sí es un premio
Las leyes son como las telarañas que atrapan a los mosquitos y dejan pasar a las avispas.
Ni de mujer de otro, ni coces de potro.
Es mejor que digan: “Por aquí corrió”, que no “Aquí quedó.”.
El que nace capacho, muere serón.
Cuando de cada ocho marineros siete son timoneles, el navío termina yéndose a pique.
El amor y los celos son compañeros.
Da Dios alas a la hormiga, para morir más aína.
Ni mangas porque es chaleco.
Irse con la capa al toro, no es para todos.
Tu quieres que el león me coma.
Parecer uña y carne.
Calma piojo que el peine llega.
El buen vestido aumenta la hermosura, y la fealdad disimula.
Ni hierba en el trigo ni sospecha en el amigo.
El placer y la alegría del hombre radica en aplastar al rebelde y conquistar al enemigo, en arrancarlo de raíz, y tomar de él todo lo que tiene
Dijo la sarten al cazo: "no te acerques que me tiznas".
Proclamo en voz alta el libre pensamiento, y que muera el que no piense como yo
El ojo del amo engorda al caballo.
El barro se endurece al fuego, el oro se ablanda.
Lo que me debe Juan no me lo puede pagar; pero si se muriera, menos pudiera.