Una obra acabada, otra empezada.
Bailar la pieza más larga con la moza más fea.
Un abismo llama a otro y un pecado a otro pecado.
Para el que quiere, siempre hay trabajo.
Más vale prevenir que tener que lamentar.
A fuer de Portugal: dos animales sobre un animal.
No hay amor sin dolor.
El trabajo mata al asno, pero no mata al amo.
Con paciencia y voluntad, se logra todo y algo más.
Más vale un "ya" que cien "después se hará".
Alazán tostado, antes muerto que cansado.
No colocar todos los huevos en la misma canasta.
Fantasmas y fantoches, a troche y moche.
Chanzas y danzas, no llenan panza, tajada buena si la llena.
La ropa de mala traza, se lava siempre en la casa.
El olor de la agena fama, al envidioso atafaga.
Salud y alegría belleza cría, atavío y afeite cuesta dinero y miente.
Casa en canto, y viña en pago.
Una manzana podrida daña el barril completo.
Mano que te da de comer no has de morder.
Boca de verdades, temida en todas partes.
El hombre experimentado, es hombre viejo y gastado.
A río crecido, sentarse en la orilla.
No se bañaba y se bañó, su mujer se lo pidió.
No cambio tu cacareo por tus huevos.
Buen porte y buenos modales, abren puertas principales.
Mata al tigre y le tiene miedo al cuero.
Cuando comía todo, mi mujer lo escondía; y ahora que no puedo comer, todo me lo deja ver.
A tu casa venga quien te eche de ella.
Antes el trabajo era una maldición, hoy una obsesión.
Feo, pero con suerte.
Cama de novios no la tienen todos.
En casa del herrero, martillo de palo.
Agua de navazo, ensancha la barriga y estrecha el espinazo.
Un hombre demasiado ocupado para cuidar de su salud es como un mecánico demasiado ocupado como para cuidar sus herramientas.
Ya no hay fiadores: matáronlos los malos pagadores.
El dar es honor; el pedir, dolor.
De dos que pleitan, otros se aprovechan.
No hay majadero que no muera en su oficio.
Hombre cornudo, más vale de ciento que de uno.
¿A un "¡toma!", ¿quién no se asoma?.
Confianza, en Dios y en que sea gruesa la tabla.
Quien tiene alforjas y asno, cuando quiere va al mercado.
Burlas de manos, burlas de villanos.
Solo había una condición para poder alcanzar la paz. Ambos líderes, blanco y piel roja, debían ostentar la misma posición. Pero los blancos no estaban dispuestos a ceder.
A la boda del herrero, cada cual con su dineo.
El corazón conoce la amargura del alma.
Hasta las rosas más finas, también tienen sus espinas.
El que come tierra, carga su terrón.
Son cáscaras del mismo palo.