Una taza de café trae cuarenta años de amistad.
Si eres oveja, te comen los lobos.
No juzgues a tu amigo sin haberte puesto antes en su lugar
Al hombre aguado, mirarle de lado.
Cada cual en su corral.
Año de heladas, año de parvas.
Aceitunas: una oro, dos plata, la tercera mata.
Fantasmas y fantoches, a troche y moche.
Jugar limpio, bueno para la conciencia y malo para el bolsillo.
La esposa, siempre parca, no debe serlo con el marido
A ropa de terciopelo, dos dueñas y su escudero.
No se puede servir a dos señores a un mismo tiempo.
La envidia y la ira solo consiguen acortar la vida.
Las furias de Celestino, no me importan un comino.
Pan de ayer, vino de antaño y carne manida dan al hombre la vida.
El que paga descansa, pero el que cobra aún más.
Da Dios almendras al que no tiene muelas.
Calles mojadas, cajón seco.
Si quieres ver a tu marido morir, dale berros en abril.
El que duerme con niños amanece mojado.
Malo es callar cuando conviene hablar.
¡Andá a cobrarle a Magoya!
Mejor es no comenzar, lo que no se puede acabar.
Bien guisa la moza, pero mejor la bolsa.
El niño sin hacer trabajo, da mucho trabajo.
Oye los consejos la vieja como el gotear de las tejas.
La desgracia también visita a los ricos, pero a los pobres lo hace dos veces.
Disparar otra flecha para encontrar la anterior
Lentitud en prometer, seguridad en cumplir.
Las palabras son enanos; los ejemplos son gigantes.
Fuerza sin maña, mucho rompe; y maña sin fuerza, poco tira.
Buena madera, buen oficial espera.
Ser un mordedor de pilares
Considera enemigo a aquel que al agraviarte lo hace solo con intención
Quien rompe una tela de araña a ella y a él de daña.
Cuando me despierte me llamas.
Los negocios hacen a un hombre y al mismo tiempo lo prueban.
A casa nueva, puerta vieja.
Cuando la fuerza manda, la ley calla.
No hay mal que por bien no venga.
él que no aprecia uno, no puede conseguir mil.
Donde manda capitán, no gobierna marinero Donde menos se piensa, salta la liebre.
Dies ila, dies ila, si eres bobo espabila.
Ni poca ni mucha pena, nos causa desgracia ajena.
El hábito es al principio ligero como una tela de araña, pero bien pronto se convierte en un sólido cable.
El que presta, a pedir se atiene.
Después del relámpago viene el trueno.
Cuando no hay carne de lomo, de toda como.
Los hombres dan a los amigos la alegría, y a sus mujeres, la murria
A quien se hace oveja, el lobo se lo come.