Imaginación hace cuerpo de lo que es visión.
Nada tiene al que nada le basta.
Mudarse por mejorarse.
Ladrillo sobre ladrillo se construye una casa.
Amor de dos, amor de Dios.
Quien no entiende una mirada, no entiende una larga explicación.
Riñen los amantes y se tiran las ligas y los tirantes.
Avellana vana, rompe los dientes y no quita la gana.
Nada contra la corriente.
Buena ventura solo con otra dura.
Dar con la puerta en la cara.
Hay quién está siempre ocupado pero nunca hace nada.
El ruin calzado sube a los cascos.
Necio que calla por sabio que pasa.
Cría cuervos y te sacarán los ojos.
Quien no puede dar en el asno, da en la albarda.
Quien trabaja con pereza, nunca acaba lo que empieza.
Bolsa llena, quita las penas.
Pronto y bien, rara vez juntos se ven.
El que se casa fuera, o la trae o la lleva.
Por fiarse del perro, duerme el lobo en el pajar.
Yerros por amores, merecen mil perdones.
Boca abierta, dientes de oro.
¡Que tres, si fueran cuatro, para pies de un banco!.
El amor es ciego y el matrimonio devuelve la vista.
Se creye o flaire que toz son d'o suyo aire [refrán escribiu en aragonés].
Quien sube como palma baja como coco.
El que de la ira se deja vencer, se expone a perder.
Un abogado listo, te hará creer lo que nunca has visto.
Una persona de gran sabiduría suele parecer torpe.
De bobos y bobas se hinchan las bodas.
Agárrate, que hay curvas.
A la moza y a la mula, por la boca le entra la hermosura.
Guárdete Dios del diablo, de hijo y ojo de puta, y de tumbo de dado.
Buey sin cencerro, piérdese presto.
La cabra de la vecina da más leche que la mía.
Después de un gustazo, un trancazo.
A quien le duele la buba, ese la estruja.
Donde reina la mujer, el diablo es primer ministro.
Estrenar casas y domar potros, otros.
Deja al maestro, aunque sea un burro.
Quien guarda el manjar que tiene, se le va, o se le reviene.
Bollo de monja, costal de trigo.
Cagar por la mañana y abundante, alarga la vida de cualquier tunante.
Vecina de portal, gallina de corral.
La mucha tristeza sueño acarrea.
Cuento y camelo, mucho hay y poco vemos.
Vísteme despacio que tengo prisa.
Cuando el abad está contento, lo está todo el convento.
Hay tres cosas que nunca podran recuperarse: la flecha lanzada, la palabra dicha y la oportunidad perdida.