La mucha luz deslumbra y no alumbra.
Dijo la sartén al cazo: ¡apártate gorrinazo que me tiznas!.
Cosa cumplida, solo en la otra vida.
Cólera de amantes resurgir del amor
Los esposos descuidados echan a perder la casa.
Consejo femenil, o muy bueno, o muy vil.
Se pudo una vez, se podrá de nuevo.
La necesidad hace maestros.
Zapatero remendón, en el hombre lleva el don.
Heredad por heredad, una hija en la vieja edad.
Al borrico viejo la mayor carga y el peor aparejo.
En casa del ahorcado, no mientes la soga.
Hacer la del capitán Araya; embarcar a los demás y quedarse en la playa.
Cada cual en su madriguera sabe más que el que viene de fuera.
El creído majadero, pierde más que el consejero.
Domingo sucio, semana puerca.
Quien guarda su puridad, excusa mucho mal.
Decir, dice cualquiera; hacer solo el que lo sepa, quiera y pueda.
El hombre propone y Dios dispone; viene la mujer y todo lo descompone.
Ni calabaza sin tapón, ni mujer sin quita y pon.
Día vivido, día perdido.
Una hora de contento, vale por ciento.
El matrimonio es un lazo que soca el demonio.
La soga se rompe por lo más fino.
Buen moro, o mierda u oro.
Labrador lunero, no llena el granero.
El necio hace al fin lo que el discreto al principio.
Hay quien busca un burro estando sentado sobre él.
En casa de Manuel, él es ella y ella es él.
Cada uno tiene su cada una, y cuando no, la busca.
De día no veo y de noche me espulgo.
Predico, predico, y yo soy el más borrico.
Con mala persona el remedio es mucha tierra en medio.
Mujer pecosa, mujer hermosa.
A amor mal correspondido, ausencia y olvido.
Don López, que mata siete de un golpe.
A lo que no tiene remedio, oídos sordos.
Hembra cobarde se casa mal y tarde.
En la guerra y en el amor, todo se vale.
Yo no lo entiendo, que tanta gente de bonete dónde mete.
Andallo, mi vida, andallo, quien no puede a pie, que vaya a caballo.
Cuanto vino entra, tantos secretos salen.
La fortuna a los audaces ayuda.
Cuando el burro mueve oreja, guárdate bajo teja.
Entre el silencio del velorio mudo, se le zafa a cualquiera un estornudo.
Más obrar que hablar.
Aborrecer tras haber querido, mil veces ha sucedido y mil más sucederá.
Cartas que deprisa se escribieron, mil disgustos dieron.
A persona lisonjera no le des oreja.
Vergüenza y virgo perdidos, por siempre idos.