Avaricia de tío, hacha de sobrino.
¡A darle que es mole de olla!
Ningún burro tropieza dos veces en la misma piedra.
Tantas veces fue el burro al molino, que olvido el camino.
Del mal manjar, un bocado nomás.
La anguila empanada y la lamprea escabechada.
Tres al saco y el saco en tierra.
A caballo que vuela, ¿para qué la espuela?.
Caceta y pesqueta, mala chaqueta.
El que a orilla del río mora, mucho bebe y mucho llora.
Ningún perro lamiendo engorda.
El ojo quiere su parte
Badajoz, tierra de Dios, que andan las putas de dos en dos.
Si sale cara, gano yo; si sale cruz, pierdes tú.
Si te señalo la luna, no te quedes mirando mi dedo.
En San Antonio todo puerco es bueno.
A quien le duele la buba, ese la estruja.
Quien desparte lleva la peor parte.
En Octubre, de la sombra huye.
Un manjar continuado, enfada al cabo.
Más tiran nalgas en lecho que bueyes en barbecho.
Los ojos lo curiosean, y el corazón lo desea.
Aquel es tu hermano que te quita el trabajo.
El andar de la madre, tiene la hija. Siempre salen los cascos a la botija.
Malo, pero ajeno, sabe a bueno.
Es pan comido.
El gallo donde canta come.
Como el apóstol 13, come y desaparece.
Camisa de culebra con vino, el mejor medicamento para el bovino.
Aire gallego, escoba del cielo.
A la corta o a la larga cae el burro con la carga.
Siete le daban al tocho, y el quería ocho.
Quien una vez fue ladrón, reincide si halla ocasión.
Al burro el palo y a la mujer el regalo.
Es demasiado necio para ser loco.
Que chulo tu chucho colocho
La Luna no es pan de horno
Refrán de palo, refrán de fuego.
Carne a carne, amor se hace.
Un hombre es juzgado por la compañía que lo rodea.
Dios no da alas a las culebras; porque volando pican.
Fortuna y ocasion, favorecen al osado corazón.
Viejo que con moza casó, o vive cabrito o muere cabrón.
De casas y de potros que lo hagan otros.
De aceituna, una; de vino una laguna; y de asado, hasta quedar botado.
La soga quiebra por lo más delgado.
Lo nuevo guarda lo viejo.
Ese da más vueltas que un puerco suelto.
Día nublado engaña al amo y al criado.
No es la liebre de quien la mata, sino de quien la levanta.