Casa revuelta, huéspedes espera.
Dale que le das; que importunando mucho, algo sacarás.
A carnicera por barba, y caiga quien caiga.
La vida es un gorro; unos se lo ponen, otros se lo quitan.
Un secreto bien guardé; aciértalo tú, que yo lo diré.
Amor, tos y humo no se pueden esconder
Para el bien, de peña; para el mal, de cera.
Malo es callar cuando conviene hablar.
Casa empeñada, pobre y desamparada.
La amistad y el amor, dos bellas mentiras son.
En el refugio del otro vive cada uno
De chica candela, grande hoguera.
Las palabras son las palabras, pero es el dinero el que adquiere tierras.
Tabaco, vino y mujer, echan al hombre a perder.
El último que se pierde es la esperanza.
Buen hablar de boca, mucho vale y poco cuesta.
Más vale dar que la carga llevar.
La obligación es primero que la devoción.
Casa sin hijos, higuera sin higos.
El que parte y reparte toca la mejor parte
La necesidad es la madre de la imaginación.
Buena es la guerra para el que no va a ella.
Cuando la vieja se remoza, andar ligera debe la moza.
La pobreza no es vicio; pero es un inconveniente.
El que no le teme a la muerte es porque no le teme a la vida.
El hombre acucioso y fuerte. no confía Solo en la suerte.
Por tu ley, y por tu rey, y por tu grey, y por lo tuyo morirás.
Vivir es morir lentamente.
Como pecas, pagas.
Padre arriero, hijo caballero, nieto pordiosero.
Solo se puede sacar de una bolsa lo que ya está en ella.
Común conviene que sea quien comunidad desea.
La cama, el fuego y el amor, nunca te dirán vete a tu labor.
Santa Rita, Rita, lo que se da no se quita.
Casa sin madre, río sin cauce.
Quien dineros y pan tiene, consuegra con quien quiere.
Paralelo corriendo, tierra encontrando.
La paciencia es la llave del paraíso.
Quien hace leña en ruin lugar, a cuestas la ha de sacar.
La aguja viste a los demás y permanece desnuda.
Mal es acabarse el bien.
Mande quien pueda, y obedezca quien deba.
Favor retenido, no debe ser agradecido.
Ya que no eres casto, sé cauto.
El montañés, por defender una necedad dice tres.
De mí y de todos te burlarás, pero de Dios no escaparás.
Acoge lo provechoso y no admitas lo dañoso.
La fe infundada en la autoridad no es fe
La ley del embudo no es norma ni escudo.
El que hace feliz a una mujer, es su esclavo; quien la hace desgraciada, es su dueño.