Boda sin borracho tenla a milagro.
Todo gran amor no es posible sin pena.
Más vale color en la cara que dolor en el corazón.
Agua mansa, traidora y falsa.
El hombre afortunado tiene pan y amigos
No confundas, jinete, el galopar del caballo con los latidos de tu propio corazón.
Vísteme despacio que tengo prisa.
Suegra y sin dinero, al brasero.
La niñez se va para lejos; si vuelve ya estamos viejos.
La sonrisa cuesta menos que la electricidad y da más luz.
A buena mujer, poco freno basta.
Amorosos juramentos, se los lleva el viento.
Más vale un "toma" que dos "te daré".
Las palabras son femeninas, y los hechos son machos.
Hebra larga, costurera corta.
Los cuernos duelen al salir, pero ayudan a vivir.
Mujer en la ventana, o puta o ENAMORADA.
Como al caballo le prueba el camino, a los hombres les prueba su sino.
Dios sabe lo que hace.
El sexo nos hace perder la cabeza
Tanto da el agua en la piedra que la quiebra.
Esta lloviendo sobremojado
El que no muere en la guerra se resbala en la bañera.
La muerte en la patria es agradable.
A la mujer bailar, y al asno andar y rebuznar; faltando quien, el diablo se lo ha de enseñar.
Ante la desgracia y el dolor, ten un poco de gracia y humor.
El que se lleva de consejos muere de viejo.
Casa empeñada, pobre y desamparada.
Abre la puerta a la pereza y entraren tu casa la pobreza.
La soga, tras el caldero.
Chancla que yo tiro, no la vuelvo a recoger.
Idas sin vuelta, el hombre a la horca, el pan de pastores y los potros a la feria.
Coja es la pena; más, aunque tarda, llega.
Más vale tener que dar, que tener que mendigar.
Hacienda, que tu amo te atienda, y si no que te venda.
Nadie le da vela en este entierro.
A la mañana puro y a la tarde sin agua.
Mientras Dios diere mujeres conviene que haya paciencia.
Aquella que la alza una vez, la alza siempre.
Quien te conocio ciruelo y ahora te ve guindo.
El valiente vive hasta que el cobarde quiere.
Donde acaba la pereza, la prosperidad empieza.
La que al diablo su carne dio, ofreció sus huesos al Señor.
Hasta los animales se fastidian.
Sucede en un instante lo que no sucede en un año
si bebes el agua, sigue la costumbre.
Cada cual quiere las cosas a la medida de sus narices.
Se conoce la cara de una persona, pero no su corazón.
La buena lavandera, su camisa la primera.
Al erizo, Dios le hizo.