la ropa son alas.
Obras buenas, hazlas a manos llenas; malas, ni una hagas.
Acuérdate al atar de que has de desatar.
Hay que ver para creer.
Ama de buen grado, si quieres ser amado.
En casa del jabonero, el que no cae resbala.
No basta parecerlo, hay que serlo.
El amor da al necio osadía y entendimiento.
Ir por lana y volver trasquilado.
Sirve de poco hacer mucho, pero no lo que se debe.
La vida es para una generación; un buen nombre, para siempre.
Amor no respeta ley, ni obedece a rey.
El que se brinda se sobra.
Cuando dos se quieren bien, con uno que coma basta.
El no vigilar a los operarios es como dejarles nuestra bolsa abierta.
Las sueños, sueños son.
Dádiva de ruin, a su dueño parece.
Si el mozo supiese y el viejo pudiese, no habría cosa que no se hiciese.
Sol puesto, obrero suelto.
La ciencia es locura, si no gobierna la locura.
La avaricia es mar sin fondo y sin orillas.
De los nublados sale el sol y de las tormentas, la bonanza.
El mal que no tiene cura es la locura.
El perezoso siempre es menesteroso.
Amor hace la llaga, y él, la sana.
La experiencia no se fía de la apariencia.
Jugar bien sus cartas.
Vale más ser envidiada que envidiosa.
Al loco y al fraile, aire.
Manda, manda, Pedro y anda.
El que trabaja, principia bien; el que ahorra acaba mejor.
Gran mal padece quien amores atiende.
Quien al cielo tira flechas, vuélvensele a la cabeza.
Lo que no puedas ver, en tu casa lo has de tener.
Pedir al hombre veras es pedir al olmo peras.
Mujer de lengua certa, mujer refranes.
A nuevos tiempos, nuevos usos.
Cuantas veces resulta de un engaño, contra el engañador el mayor daño.
Hijos y mujer añaden menester.
Jugué con quien no sabía y me llevó cuanto tenía.
El que da primero da dos veces.
Cielo a corderos, agua a calderos.
Lo que se dice en la mesa debe ser envuelto en el mantel.
Las penas de amor las quita el licor
Por el interés te quiero Andrés.
Amor que no se atreve, desprécianlo las mujeres.
Amigo de todos y de ninguno, todo es uno.
Un hombre debería hacernos la vida y la naturaleza más agradables; si no no hacía falta que naciese
Para tu mujer empreñar no debes otro buscar.
Abierto el cajón, convidado está el ladrón.