Cuando de visita te pierdo, si te vi ya no me acuerdo.
El dinero del mezquino anda dos veces el camino.
El hombre tiene un origen y un destino... A menos que lo recuerde, perderá ambos.
No se puede servir a dos señores.
En casa y en amores, entras cuando quieres y sales cuando puedes.
Lo malo no está en el uso, sino en el abuso.
Para mejor pasar la vida, tener esposa y querida.
Si la coges borracha, la tendrás puta y ladrona.
Contra gustos, no hay disgustos.
A chico caudal, mala ganancia.
Nunca buena puta ventanera, pues que no halla quien la ocupe y quiera.
Algo busca en tu casa quien te hace visitas largas.
El que muda de amo, muda de hado.
Toda virtud está siempre entre dos vicios
No hay mayor tontería que reñir.
Falso por natura, cabello negro, la barba rubia.
Huele peor el pedo ajeno que el propio.
El mucho joder empreña.
Santo que mea, maldito sea.
No me castigues con el látigo de tu desprecio.
Juez que dudando condena, merece pena.
Dos testigos matan a un hombre.
La dicha de la fea, la hermosa la desea.
El necio hace al fin lo que el discreto al principio.
Buen oficio es no tener ninguno.
Ni fea que enfade, ni hermosa que se codicie.
Si hay miseria, que no se note
El vicio envilece y la virtud ennoblece.
Muchos a dispoñer, ningún a cumprir.
No hay atajo sin trabajo, ni rodeo sin deseo.
Hombre refranero, hombre de poco dinero.
Hombre lisonjero, falso y embustero.
Quien da lo suyo antes de la muerte, que le den con un mazo en la frente.
En la duda, ten la lengua muda.
Va como honda que lleva el diablo.
Entre los extremos de cobarde y de temerario está el medio de la valentía.
Eso no te lo despinta nadie.
Mujer Besada mujer ganada.
Mañana de expectacion tarde de decepcion.
Ni guinda chupada, ni moza besada.
La fantasía consiste en perseguir un caballo sin moverse del sitio
Para conservar amistad, pared en medio.
Favorecer a un bellaco, es echar agua a un saco.
Cuentas claras, amistades largas.
Rey serás si hicieres derecho, indigno de ser rey si hicieres tuerto.
Maldición de puta vieja no va al cielo.
Esas perlas, perdónalas, por tener que engarzarlas.
Descansa el corazón, contando su pasión.
A un clavo ardiendo se agarra el que se está hundiendo.
No jales que descobijas.