Vence en la mocedad los días buenos, y para la vejez quedan los duelos.
Cuando hay voluntad, se abre un camino.
Casa que a viejo no sabe, poco vale.
Donde aprietan, no chorrea.
Por miedo de pajarillos, no dejes de sembrar mijo.
Refranes de viejas son sentencias.
Cuando el niño dienta, la muerte tienta.
Cada hombre cuerdo lleva un loco dentro.
Nadie diga: de esta agua no bebere.
Fumador empedernido, hombre carcomido.
A ellas padre, vos a las berzas y yo a la carne.
Cada uno va a su avío, y yo, al mío.
Buena razón quita cuestión.
Mal ajeno, no cura mi duelo.
El deudor no se muera, que la deuda en pie se queda.
Tan puta es el que las da como el que las toma.
Pobreza, víspera de vileza.
Se llena antes el ojo que el papo.
En la iglesia la oración, y en la cama la función.
Estás más perdido que un juey bizco.
Hacerse el ignorante para chupar manteca.
Al que es pobre todos sus parientes le despreciarán; si es rico, todos son sus parientes.
Nada más que me enderece dijo el jorobado.
Las tres ges de quien sabe ser amo de su casa: ganar, gastar y guardar.
La gratitud no es a perpetuidad como los sepulcros.
El orgullo no es grandeza, sino hinchazón.
Inteligencia y belleza: gran rareza.
Perro que no anda no encuentra hueso.
A todo hay remedio sino a la muerte.
Ocurre en las mejores familias.
¡Mira que dicha, perder el asno y encontrar la cincha!.
Al hombre valiente, espada corta.
A quien te quiere bien, en la cara se le ve.
Pájaro mal nacido es el que ensucia en su nido.
Tal hora el corazón brama, aunque la lengua calla.
Una pelea raramente continúa cuando el jefe ha caído.
Año bisiesto, año siniestro.
Novia llorosa, sonriente esposa, novia sonriente, llorosa esposa.
No basta parecerlo, hay que serlo.
Llover sobre mojado, mil veces ha pasado.
El juego de la correhuela, cátale dentro y cátale fuera.
La vida es una cuarentena para el paraíso.
Los besos de las mujeres son como las cuentas de un rosario, en saliendo la primera salen todas las demás.
Si la mujer supiera lo buena queye la nielda, la paceria como las vacas la hierba.
La gota que derramó el vaso de agua.
Ni moza sin espejo, ni viejo sin consejo.
Al guardar el trigo, no quiero parientes ni amigos.
Necio que calla por sabio que pasa.
A la fuerza, ni los zapatos entran.
Hay quien las mata callando.