Cada cual es hijo de sus obras.
Por Navidad un paso de pájaro, por San Antonio [Abad] (patrón de la isla) un paso de demonio y por San Juan un paso de gigante.
Dar un cuarto al pregonero.
Buena vida si refrenas tu ira.
Para saber, has de leer.
Otros vendrán, que bueno me harán.
La verguenza, cuando sale ya no entra.
Compra lo que no has menester y venderás lo que necesites.
Cuando el sol se pone cubierto, o lluvia o viento.
De paja o de heno, mi vientre lleno.
En la mucha necesidad dice el amigo la verdad.
Bien parece y bien están el asno en la cuadra y la mujer en el hogar.
El padre para castigar y la madre para tapar.
Cielo a corderos, agua a calderos.
Dios da bragas a quien no tiene culo.
Buenas y malas artes hay en todas partes.
Año bisiesto, año siniestro.
La práctica vale más que la gramática.
Con pedantes, ni un instante.
No saber una jota.
Decir es de charlatanes; hacer es de hombres formales.
Empleando todas sus fuerzas, hasta el ratón podría devorar al gato.
Navidad en viernes, siembra por donde pudieres.
Amores nuevos olvidan los viejos.
Nadie aprecia lo que tiene hasta que lo ve perdido.
Amor de dos, amor de Dios.
No es tonto el indio, sino quien lo hace compadre.
Comida, cama y capote, que sustente y abrigue al niño y no le sobre comido.
La aguja viste a los demás y permanece desnuda.
El que arcoiris ve, no se morirá de sed.
Coge una abeja amablemente y aprenderás las limitaciones de la amabilidad.
Que curioso es el hombre, nacer no pide,vivir no sabe, morir no quiere.
En la cárcel y en la cama, verás bien quien te ama.
Niebla en verano, norte en la mano.
El joven busca la felicidad en lo imprevisto, el viejo en la costumbre
Pendejo que al cielo va, lo joden también allá.
Madre boba tuviste si al mes no reíste.
Variante: El sordo no oye, pero compone.
Dar para recibir, no es dar sino pedir.
El fanfarrón mata a un león ausente, pero se asusta de un ratón presente.
Nieve en octubre, siete lunas cubre.
A buenos ocios, malos negocios.
De tarde madrugar y tarde casar, arrepentirte has.
Pimiento, sal, cebolla, cuando se pone la olla.
Cada poema un silbido, como los que el viejo aquel de mi bloque, lanzaba cada mañana en cuanto ponía un pie en la calle, por si el perro que había perdido hacía veinte años, andaba por los alrededores.
La respuesta mansa, la ira quebranta.
A quien miedo han, lo suyo le dan.
Amo recorrer las praderas. Entonces me siento libre y soy feliz. Si tuviéramos que vivir en casas, palideceríamos y moriríamos.
De un hueco salimos y a un hueco vamos a dar.
El juego y la muerte, en no distinguir categorías se parecen.