Cada cual es hijo de sus obras.
La verguenza, cuando sale ya no entra.
Compra lo que no has menester y venderás lo que necesites.
Dar un cuarto al pregonero.
Buena vida si refrenas tu ira.
Para saber, has de leer.
Otros vendrán, que bueno me harán.
Cuando el sol se pone cubierto, o lluvia o viento.
Cuidado que hay golondrinas en los alambres.
En la mucha necesidad dice el amigo la verdad.
De paja o de heno, mi vientre lleno.
Cielo a corderos, agua a calderos.
Bien parece y bien están el asno en la cuadra y la mujer en el hogar.
El padre para castigar y la madre para tapar.
Año bisiesto, año siniestro.
Dios da bragas a quien no tiene culo.
Empleando todas sus fuerzas, hasta el ratón podría devorar al gato.
Buenas y malas artes hay en todas partes.
Navidad en viernes, siembra por donde pudieres.
No saber una jota.
La práctica vale más que la gramática.
Amores nuevos olvidan los viejos.
Nadie aprecia lo que tiene hasta que lo ve perdido.
Con pedantes, ni un instante.
Amor de dos, amor de Dios.
La aguja viste a los demás y permanece desnuda.
Pendejo que al cielo va, lo joden también allá.
No es tonto el indio, sino quien lo hace compadre.
Decir es de charlatanes; hacer es de hombres formales.
Comida, cama y capote, que sustente y abrigue al niño y no le sobre comido.
El que arcoiris ve, no se morirá de sed.
Que curioso es el hombre, nacer no pide,vivir no sabe, morir no quiere.
Coge una abeja amablemente y aprenderás las limitaciones de la amabilidad.
Niebla en verano, norte en la mano.
El joven busca la felicidad en lo imprevisto, el viejo en la costumbre
En la cárcel y en la cama, verás bien quien te ama.
Variante: El sordo no oye, pero compone.
Madre boba tuviste si al mes no reíste.
Nieve en octubre, siete lunas cubre.
El fanfarrón mata a un león ausente, pero se asusta de un ratón presente.
Dar para recibir, no es dar sino pedir.
De tarde madrugar y tarde casar, arrepentirte has.
Cada poema un silbido, como los que el viejo aquel de mi bloque, lanzaba cada mañana en cuanto ponía un pie en la calle, por si el perro que había perdido hacía veinte años, andaba por los alrededores.
Pimiento, sal, cebolla, cuando se pone la olla.
El juego y la muerte, en no distinguir categorías se parecen.
A quien miedo han, lo suyo le dan.
La respuesta mansa, la ira quebranta.
Amo recorrer las praderas. Entonces me siento libre y soy feliz. Si tuviéramos que vivir en casas, palideceríamos y moriríamos.
De un hueco salimos y a un hueco vamos a dar.
A buenos ocios, malos negocios.