Pisarás el umbral del bienestar, cuando empieces a sentirte satisfecho con apenas nada.
Tienes en casa al muerto y vas a llorar el ajeno.
A jugar y perder, pagar y callar.
A ferias y fiestas, con pollinos y mujeres ajenas.
Callemos, que el sordo escucha.
Está oscuro debajo de la lámpara
Ajuar de la forastera: dos estacas y una estera.
Las palabras del anciano son muchas veces oráculo.
Rucio rodado, antes muerto que cansado.
A cama pequeña, échate en medio.
En la vivienda del pobre la casa siempre es enorme.
Oír como quien oye llover.
Quien siembra llorando, siega cantando.
Confiesa y restituye, que la vida se te huye.
Jugar y pasear cuando no hay que trabajar.
La peor vejez es la del espíritu.
Otros tiempos, otros modos.
El fraile, la horca en el aire.
El asno del gitano, en viendo el palo alarga el paso.
Mientras dura, vida y dulzura.
Las muchachas en la fuente, tornar a casa no tienen en la mente.
Un pie calzado y otro descalzo
A pájaro muerto, jaula abierta.
A la mar madera, y huesos a la tierra.
Sembrar poco y mucho recoger, no puede ser.
Quien vive fiando al amigo, estudia para mendigo.
No hay mejor palabra que la que está por decir.
Fuerza sin maña, mucho rompe; y maña sin fuerza, poco tira.
Rebuznos de asno no llegan al cielo.
Ora en juego, ora en saña, siempre el gato mal araña.
Infierno y gloria, dos nombres en discordia.
Manda y haz, y así a los torpes enseñarás.
Bendita sea la herramienta; que pesa, pero alimenta.
Golpear la cabeza contra un muro de ladrillos
A lo que no tiene remedio, litro y medio.
El que ve el cielo en el agua ve los peces en los árboles.
A presurosa demanda, espaciosa respuesta.
Quien por su seso se guía, hará cualquier tontería.
Si Dios cierra una puerta, abre mil otras.
El tuerto es el rey en el mundo de los ciegos.
En la noche y sobre el muro, todo gato se ve oscuro.
En mentando el ruin de Roma, por la puerta asoma.
Con agua y con sol, Dios es el Criador.
Manda y descuida; no se hará cosa ninguna.
Jurar ves magaña, quien jura te engaña.
¿Por qué atizas?. Por gozar de la ceniza.
Pronto pasan al olvido los muertos y los idos.
¡Qué cosa linda sería hurtar, si fuera por los cintos que colgaran!
Te puedes arruinar por porfiada y por fiar.
Injurias y blasfemias, por donde salen entran.