Cenas, y penas, y Madalenas, y soles, matan a los hombres.
La edad de oro nunca es la presente.
Quien quiera saber, que compre un viejo.
De una gota de un tintero ¡cuánto malo y cuánto bueno!.
Mal que me quieren mis comadres porque les digo las verdades; bien que me quieren mis.
Aprendiz de muchos oficios, maestro de maldita cosa.
Mal ajeno, para el nuestro no es consuelo.
La ingratitud embota la virtud.
Las suegras son como las yucas, buenas pero enterradas.
Los caballos blancos y los pendejos, se distinguen desde lejos.
Pompa vana: hoy hojas marchitas lo que ayer rosa galana.
Cuando uno no quiere, dos no barajan.
Los celos son malos consejeros.
El maestro Quiñones, que no sabe para él, y ya quiere dar lecciones.
Un hombre enamorado ha nacido por segunda vez
Acabar como el Rosario de la Aurora.
El ruin de Roma, en mentándolo asoma.
Con mujer que tiene dueño, ni sueño.
Por más largo que sea el pico no llega a los ojos.
¿Fiado?. Mal recado.
Actividad cría prosperidad.
Que tu mano derecha no sepa lo hace la izquierda.
Acertar una y errar diez, mal acierto es.
El mucho vino, no guarda secreto ni cumple palabra.
La apariencia hermosa y por dentro es otra cosa.
No da un tajo ni en defensa propia.
Decir, me pesó; callar, no.
Todos nacemos con igual condición, solo por la virtud nos diferenciamos.
Por dinero baila el perro y por pan si se lo dan, y no por el son que toca el ciego.
Al olor de los dineros ya vendrá algún forastero que no conozca tu historia con los ojos bien tapados como el burro de la noria.
El que mucho se despide, pocas ganas tiene de irse.
Cada vez que uno ríe quita un clavo del ataúd
Quien cuando puede, no quiere; cuando quiere, no puede.
Si una puerta se cierra, otra se abre.
Amor de mujer y halago de can, no duran si no les dan.
Voz que se escapa no vuelve y quizás tu ruina envuelve.
Un buen día nunca se olvida.
El pan sin ojos, y el queso con ellos.
En Febrero, el loco, ningún día se parece a otro.
Un corazón amante y bello nunca es viejo.
Hija que casas, casa que abrasa.
Rotas las raíces del loto siguen unidas sus fibras.
Ni ausente sin culpa ni presente sin disculpa.
Los bienes son para aquellos que saben disfrutarlos.
La mujer y la gallina, por andar se pierden aína.
Las riquezas mal habidas no sirven de nada, pero la justicia libra de la muerte.
Cuando no lo dan los campos, lo hacen los Santos.
Aguantando regañinas, se aprenden las artes finas.
El que juega con el tabernero o está loco o le sobra el dinero.
Un hombre ocioso es compañero de juegos del diablo.