Amor de dos, amor de Dios.
El tiempo y la marea, ni se paran ni esperan.
El que menos sabe suele ser el que más presume.
Quien espera salud en muerte ajena, su propia vida condena.
La ausencia es al amor lo que al fuego el aire: que apaga al pequeño y aviva al grande.
Una sola vez no es costumbre.
Quien nada pide, nada recibe.
Hay gustos que merecen palos.
Caballo que no sale del establo, siempre relincha.
Aurora rubia, o viento o lluvia.
El sabio no dice lo que sabe y el necio no sabe lo que dice.
Un ruin ido, otro venido.
El que pide y no da, siempre algo tendrá.
Escarmentar en cabeza ajena, doctrina buena.
El que da, no debe volver a acordarse, pero el que recibe, nunca debe olvidar.
No maldigas la oscuridad, enciende la vela.
Guarda pan para Mayo y leña para Abril, que no sabes el tiempo que ha de venir.
A buen entendedor, pocas palabras bastan.
Mujeres y avellana, muchas salen vanas.
Si Dios cierra una puerta, abre mil otras.
La felicidad dura un minuto; la infelicidad el resto de tu vida
El fraile, la horca en el aire.
Un amigo vale cien parientes
Un hombre sabio se recuerda de sus amigos siempre; un tonto, solamente cuando él necesita.
El pastor que se acuesta con sus abarcas, cuando se despierta no se las calza.
En casa del jugador loco, la alegría dura poco.
Roma, acuerdos y locos doma.
El amigo de un idiota es como aquel que se acuesta con una hoja de afeitar en la cama
La mujer finge más que miente; el hombre miente más que finge.
Hasta la gracia de Dios hace daño.
El beso es al amor lo que el rayo al trueno.
La sed del corazón no se apaga con una gota de agua
La ignorancia es madre de la admiración.
Quien poco tiene, pronto lo gasta.
Quien busca encuentra, aunque otra cosa sea.
Mal acabará quien pretenda adentrarse en el futuro, ignorando lo que sucedió en el pasado, porque entonces no vivirá el presente.
Ni reír donde lloran, ni llorar donde ríen.
Días de mucho vísperas de ayuno.
Lo que oyes lo olvidas, lo que ves lo recuerdas, lo que haces lo aprendes.
Lo que remedio no tiene, olvidarlo es lo que se debe.
Quien siembra favores, cosecha rencores.
Humo de hogar no empaña el cielo.
Solo los recipientes vacíos resuenan y se oyen a gran distancia
El remedio más noble contra las injurias es el olvido.
Quien todo lo pensó nunca se caso.
Las manos en la rueca, y los ojos en la puerta.
Una sonrisa no cuesta nada pero vale mucho.
Solo me queda concluir en que, cada día que pasa, estás más cercana nuestra muerte, por eso vivamos cada día con intensidad como si fuese el último.
La razón y la paciencia, al fin vencen la insolencia.
Cuando el genio apunta a la Luna, el tonto se queda mirando al dedo.