Quien guarda el manjar que tiene, se le va, o se le reviene.
El dinero procura amigos, pero no aquellos que desearías.
Fraile junto a doncella, ojo con él y ojos con ella.
A las personas recién se las valora cuando se las pierde.
Espada y mujer, ni darlas a ver.
Quien su origen no conoce, su destino desconoce.
En cabeza loca, ni se tiene, ni dura, ni para cosa.
Hay gente bien, en la lata, y mucho guache con plata.
El gozo en el pozo.
Pensabas que eras melón y te volviste calabaza.
En el llano como quiere el amo, en la cuesta como quiere la bestias.
Estar armado hasta los dientes
A menudo una pequeña chispa logra encender un gran fuego.
Brilla por su ausencia.
No avivés a los giles que después se te ponen en contra.
El que a solas se ríe de sus picardías se acuerda.
Cada día, trae y lleva penas y alegrías.
Las palabras se las lleva el viento, lo escrito permanece.
El zorro que come gallinas cuando ve el gallinero suspira.
No enciendas un fuego falso frente a un dios verdadero
El hombre que desea estar tranquilo ha de ser sordo, mudo y ciego.
Una deuda, veinte engendra.
A caballo dado no se le ve (el) colmillo. (v. tb. "A caballo regalado...", más abajo
Lo inútil siempre es caro, aunque cueste barato.
Sana sana potito de rana si no sana altiro sanará mañana
Manos frías, amor para un día, manos calientes, amor para siempre.
El futuro pertenece a los que se preparan para él.
El vulgo es necio y pues lo paga, es justo hablarle en necio para darle gusto.
Algún ciego se ha curado con lo mismo que ha cegado.
Otoño entrante, barriga tirante.
Buenas palabras, cantar de cigarras.
Lo que se ve, se aprende.
Para poca ventura, remedio es la sepultura.
Lo que un hombre puede esconder, otro lo puede descubrir.
Que sabe de amores, el que nunca se ha casado.
Ni las ideas ni la ciencia, se asimilan con violencia.
El amor deja ver las rosas y no las espinas
Al miserable y al pobre, la pena doble.
Quien dice lo verdadero, no peca por embustero.
Lo robado no luce.
No duerma tranquilo quien debe; que no hay plazo que no llegue.
Pobreza y amor son difíciles de disimular
Duerme el leal lo que al traidor le place.
No enturbies aguas que hayas de beber.
Halagos de suegra, consuelo de nietos.
Al endeble todos se le atreven.
La diligencia es madre de la buena ventura; y la pereza, su contraria.
El tiempo y la marea, ni se paran ni esperan.
No hay que dejar escapar una oportunidad, que nunca va a presentares otra vez.
Los pecados de la juventud se pagan en la vejez.