Dádiva de ruin, a su dueño parece.
Las palabras son como las piedras, que no se pueden revocar.
Muchas personas son como los relojes: indican una hora y tocan otra.
Cuentas claras conservan amistades.
Saber por solo saber, cosa vana viene a ser; saber para ser mejor, eso es digno de loor.
La necesidad al menesteroso le obliga a ser mentiroso.
Del desconsuelo al consuelo no va ni un pelo.
El vicio envilece y la virtud ennoblece.
Cuentas de pobre, raro es que se logren.
Esto de mi casamiento es cosa de cuento; cuanto más se trata, más se desbarata.
Las palabras son enanos; los ejemplos son gigantes.
Atiende más a la mirada del sabio que al discurso del necio.
El que ambiciona lo ajeno, pronto pierde lo propio.
Las necedades del rico pasan por sentencias en el mundo.
Mientras el cuerdo duda, el loco emprende y termina la aventura.
Estas si que son piernas, que no las de mi mujer; y eran las mesmas.
Cuanto vino entra, tantos secretos salen.
Mujer en la ventana, o puta o ENAMORADA.
Carajadas de San Lucas, pendejadas de San Juan.
Escuchar cientos veces; ponderar mil veces; hablar una vez.
Panza llena, quita pena.
Disfruta solo los placeres del momento.
Amistad veloz, arrepentimiento asegurado
¿Qué criatura no tiene un ramito de locura?
Lo que hiciere la diestra, no lo sepa la siniestra.
Cuando todo ha pasado, solo la verdad y el honor permanecen.
Hablando se saben las cosas, callando se ignoran.
Doblada es la maldad que sucede a la amistad.
El que gasta antes de ahorrar pedirá limosna antes de lo que cree.
A quien vela, todo se le revela.
Solo no da traspiés el que no tiene pies.
De los vanos temores nacen todos nuestros daños.
El sueño es hermano de la muerte.
Lo mal vendido hace perder lo bien adquirido.
No renunciar a sus esperanzas hasta llegar al río Huanghe.
Cada uno habla de la feria, según le va en ella.
Muchos Trueno y nada de auga.
Amor sin celos, no lo dan los cielos.
Los actos son los frutos; las palabras las hojas.
Bueno es ser lo que se quiere parecer.
El que se traga un hueso, confianza tiene en su pescuezo.
Buenas palabras no cuestan cobre y valen más que plata.
Se conoce la cara de una persona, pero no su corazón.
El trabajo del pensamiento se parece a la perforación de un pozo: el agua es turbia al principio, más luego se clarifica.
Dineros y pecados, cada cual los tiene callados.
Al amigo que no es cierto, con guiño de tuerto.
Joven madrugador, viejo trasnochador.
Bromas y chascarrillos para los amiguillos.
De ese infierno no salen chispas.
Temporal de noche, mucho ruido y pocas nueces