Reino dividido, reino perdido.
Hijos y hogar, son la única verdad.
No puede ser larga la felicidad del mentiroso o ladrón.
El que nada sabe, de nada duda.
Ganar sin guardar, poco es de estimar.
Envidia me tengan y no me compadezcan.
Nuestros defectos nos imitan más cuando los observamos en otros.
Los extremos nunca son buenos.
El amor, la tos y el fuego, no pueden ser encubiertos.
De la noche en la espesura, hasta la nieve es oscura.
El ciego y el ignorante, tienen el mismo talante.
Hay una gran fuerza escondida en una dulce orden.
él que no aprecia uno, no puede conseguir mil.
Has lo que debes y no lo que puedes.
Muerte deseada, vida prolongada.
Lo que obtener no puedo, es lo que más deseo.
Amor sin plata, no dura.
No ser escaparate de nadie.
Cuando hay santos nuevos, los viejos no hacen milagros.
En el ánimo moran continuamente la felicidad y la infelicidad. De vez en cuando salen a dar un paseo
De la mujer, del tiempo y la mar, poco hay que fiar.
Una mentira puede matar mil verdades.
Ocio, ni para descansar.
Bondad y dulzura, más que donaire, hermosura.
Si los tontos volaran, quince años nublado.
Como al hierro la herrumbre, la envidia al hombre consume.
La alegría es gemela
Amor de puta y fuego de aulagas si presto se enciende, presto se apaga.
Año de avispas, año de nieves y ventiscas.
Una espina en el ojo.
Lo que uno no quiere, el otro lo desea.
Solo el hombre prudente puede emplear bien sus ocios.
Durar menos que el cantar de un vizcaíno
El que todo lo niega, todo lo confiesa.
Los sueños del gato están poblados de sonrisas.
Amores de lejos no son parejos.
Cuantas veces resulta de un engaño, contra el engañador el mayor daño.
Ni hierba en el trigo ni sospecha en el amigo.
Quien perdona pudiendo vengarse poco le falta para salvarse.
Principio quieren las cosas.
Los pesos y los pesares, en algo son similares.
Cuando soplan vientos de cambio, algunos constryen muros, otros molinos.
Cuando dos corazones están de acuerdo incluso un pajar es un lecho de alegrías
Hay que darle el beneficio de la duda.
Lo ajeno más que lo propio parece bueno.
El viaje no ha acabado aunque ya se vea la iglesia y el campanario
El oro luce, y la virtud reluce.
El que ve el cielo en el agua ve los peces en los árboles.
Mejor pocos truenos en la boca y más rayos en la mano.
Juventud que vela y vejez que duerme, señal de muerte.