Las armas son para usarlas, pero no para mostrarlas.
La mujer virtuosa, corona es de su marido.
Hay que tomar el toro por las astas.
Los amigos se eligen, pero no los hermanos.
Ni patos a la carreta, ni bueyes a volar, ni moza con viejo casar.
Joven es quien está sano aunque tenga ochenta años, y viejo doliente, aunque tenga veinte.
No soy pila de agua bendita.
A pobre viene quien gasta más de lo que tiene.
Hermano ayuda y cuñado acuña.
A su costa aprende el necio, y a costa del necio el cuerdo.
Con las buenas palabras nadie come.
Ligero como el ave de San Lucas.
Cada loco con su tema y cada cuerdo con su apotema.
Ni tiñe ni da color.
Esto el mundo me enseñó: a lo tuyo tú; y a lo mío, yo.
Las palabras de oro van a menudo seguidas de actos de plomo.
Decir pares, y salir nones, les ocurre a los mamones.
El verano es la madre de los pobres
El ojo del amo engorda el ganado.
A la mujer feliz, la vida le ha de sonreír.
Es posible soportar el arroz y el té frios, pero la mirada y las palabras frías son insoportables.
Mujeres y almendras, las que no suenan.
Lo que sucede en la olla solo el cucharón lo sabe
En esta vida tan loca, uno es el que baila y otro es el que toca.
Quien hace lo que puede, hace lo que debe.
Todos los extremos son malos.
La vejez mal deseado es.
Al viejo no le falta que contar, ni al sol ni al hogar.
Hasta una hormiga que pierde, duerme.
A putas y ladrones nunca faltan devociones.
Hijos chicos, chicos dolores; hijos mayores, grandes dolores.
No juzgues al hombre en el vino si no has bebido
Amor de asno, coz y bocado.
Hacer bien donde no es agradecido es bien perdido.
La sierra, con nieve es buena.
Dijo el escarabajo a sus hijos: venid acá mis flores.
Haz la noche, noche y el día, día y vivirás con alegría.
Boca con boca se desboca.
Hasta que a la meta no llegues, no te pongas los laureles. e Hasta que el cuerpo aguante.
Es agua derramada.
Nadie envejece a la mesa.
La mujer decente, sufre más que se divierte.
Cazador, mentidor.
Las palabras se cogen, de quien las dice.
La mujer que de día calla por la noche manda.
El que bien tiene y mal escoge, por mal que le vaya que no se enoje.
Hay que poner tierra de por medio.
Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.
La mala fama vuela como el ave y rueda como la moneda, y la buena, en casa se queda.
La carta no se pone colorada.