Quién retozó de soltera, no diga nada de la ajena.
Cuando dos corazones están de acuerdo incluso un pajar es un lecho de alegrías
Al burro el palo y a la mujer el regalo.
La manda del bueno no es de perder.
Piensa que vengo de arriar jutes con pistola
No tropieza quien no anda.
Hablar a tiempo requiere tiento.
Al mal paso, darle prisa.
Razonar para reñir, es cosa de reír.
Quien no sufrió una escasez, no guarda para después.
La felicidad y el arco iris nunca se ven en la propia casa, solo en casa de los demás
Fraile junto a doncella, ojo con él y ojos con ella.
Más vale un mal acuerdo que un pleito.
Más vale perder un minuto en la vida que la vida en un minuto.
Cien refranes, cien verdades.
Cual el tiempo, tal el tiento.
Tenés cola que te machuquen.
Dame para elegir y me darás para sufrir.
Ni hay vida sin muerte ni placer sin pesar.
Hablando a largo plazo muertos estamos todos.
Es posible soportar el arroz y el té frios, pero la mirada y las palabras frías son insoportables.
Desde pequeñito se endereza el arbolito.
Más vale buen viento que fuerza de remos.
Quien quita lo que da, al infierno va.
Debe y paga cuanto alcances, pero cuida tus balances.
El tono afectuoso cautiva el oido.
El que no enseña no vende.
Mano sobre mano, como mujer de escribano.
El ruin buey, holgando se descuerna.
No es nada, que del humo llora.
Antes de decir de otro cojo es, mírate tú los pies.
El hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra.
Hay alegrías sosas y tristezas sabrosas.
Casa en que no hay un viejo, no vale un arvejo.
Las cosas de palacio van despacio.
Decir y hacer pocas veces juntos se ven.
Al hijo del rico no le toques el vestido.
Cuando un tonto coge una verea, ni la verea deja al tonto ni el tonto deja la verea.
Abril, sácalo de cubil; y dijo la buena vieja: lo mío al cenojil.
No todo lo que pendula cae
Dios creó el tiempo, pero el hombre creó la prisa.
El amor es una hierba espontánea
Excava el pozo antes de que tengas sed.
Mas vale tierra en cuerpo que cuerpo en tierra.
Quien tiene y da, no esta obligado a más.
La mujer en el hogar es reina a la que hay que amar.
Que el amor no imite las fuertes olas, numerosas pero efímeras; sea en cambio como el agua escondida bajo la arena: parece imposible encontrarla y se la encuentra
Al mal encuentro, darle de mano y mudar asiento.
Por San Martín, trompos al camino.
Los hijos de Mari-Rabadilla, Cada cual con su escudilla.