Quien trabaja con afán, pronto ganará su pan.
Buen moro, o mierda u oro.
Cuerpo descansado, dinero vale.
El cobarde vive, el valiente muere.
No hay que perder una tripa por no hacer bulla.
La memoria, en la vida, en la muerte y en la gloria.
No hay duelo sin consuelo.
Hablar de virtud es poco; practicarla es el todo.
El valiente vive hasta que el cobarde quiere.
Haz favores y harás traidores.
Tener miedo es de prudentes; saberlo vencer, es de Valiente.
A cualquier dolor, paciencia es lo mejor.
Cuanto más hacienda dejes, más esperada es tu muerte.
Afana, suegro, para que te herede; manto de luto y corazón alegre.
Dichosos aquellos cuyos errores cubre la tierra.
Una buena reputación es como un ciprés, que, una vez cortado, jamás da ya ramas.
La victoria pertenece a aquel que espera media hora más que su oponente.
Asno de dos, válgale Dios.
Írsele a uno el santo al cielo.
Conviene más, ser tenido, que resultar exprimido.
La suerte está echada.
Una cara hermosa lleva en sí secreta recomendación.
La limosna y el rezar, debajo del delantal.
Cual es el hombre, tal su fortuna y nombre.
Vive como un caballero, y moriras como un señor.
Por qué denominar a la muerte como una desgracia cuando pone fin a la desdicha?
Ni santo sin estampa, ni juego sin trampa.
Afanar y no ganar, doy al diablo tal afanar.
La esperanza mantiene.
Hija que se casa, la casa paterna arrasa.
Perdona al ofensor y saldrás vencedor.
Ocasión y tentación, madre e hija son.
Hombre valiente no muere de viejo.
El prometer no empobrece, y cosa de ricos parece.
Una hierba es una planta cuyas virtudes esperan para ser descubiertas.
Quien hace lo que puede, hace lo que debe.
Una respuesta amable mitiga la ira.
Paga para que te acrediten.
El juego pone a prueba el oro, y el oro pone a prueba el juicio.
El perezoso considera suerte el éxito del trabajador.
Ni boda pobre, ni mortuorio rico.
No encomie un vado hasta que lo hayas pasado.
Lo que la mujer no hace por amor, lo hace por despecho.
Ni por rico te realces, ni por pobre te rebajes.
Amar a todos, confiar en nadie.
Solo había una condición para poder alcanzar la paz. Ambos líderes, blanco y piel roja, debían ostentar la misma posición. Pero los blancos no estaban dispuestos a ceder.
Quien espera salud en muerte ajena, su propia vida condena.
La suerte es de los audaces.
Errar es humano, perdonar es de sabios.
El que da lo que tiene no está obligado a dar más.