El que está en pié, mire no caiga.
Este si que se llevo el santo y hasta las limosnas.
¿Y quién dijo que el diablo no tiene hermanas?.
Amor es el vino que más pronto se avinagra.
Dinero sin caridad, es pobreza de verdad.
Si quieres que algo se haga, encárgaselo a una persona ocupada.
Para presumir hay que sufrir.
Al hombre y al oso, lo feo lo hace hermoso.
Si con el chocolate no te quieres quemar, déjaselo a otro paladear.
Nada necesita quien tiene bastante.
Alcanza, quien no cansa.
Despacio al pensar y pronto al ejecutar.
Lo que haces, encuentras.
En casa del que jura, no faltará desventura.
Quien vengarse quiere, calle y espere.
No tocar pito.
Prueba primero al amigo, antes de buscar su abrigo.
Nadie perdona que le hagan un favor.
En caso de duda, la más tetuda.
Mancha en honra, más pronto se echa que se borra.
Pasa más hambre que un maestro de escuela.
Caballo corredor, no ha menester espuela.
Holgar sin vergüenza es hilar sin rueca.
Solo el más necio no aprende lo que los necios enseñan.
La capa del diablo, lo que por un lado tapa, por otro destapa.
Hay que darle el beneficio de la duda.
Quien bebe no sabe lo peligroso del vino, quien no lo bebe no sabe de lo bueno que hay en él.
No se escarmienta, mi viejo, sino en el propio pellejo.
Ni firmes sin leer, ni hables sin ver.
Árbol que no arraiga no crece.
Ea, que hago barato: ¡lo que vale tres, lo doy por cuatro!.
A gallego pedidor, castellano tenedor.
El cebo es el que engaña, que no el pescador ni la caña.
Mal agüero, antes las berzas que el granero.
Ni uno de cada ciento, de su suerte está contento.
Chancho limpio nunca engorda.
El jabón es para el cuerpo lo que las lágrimas para el alma.
Buena vida, arrugas tiene.
Como es el pago, así es el trabajo.
El que está debajo del peral, coge la mejor pera.
Hombre prevenido vale por dos.
Suelo mojado, cajón seco.
Quien con toros anda, a torear aprende.
Tan bueno es mi gato que no caza ratones.
Todo lo que corre nada y vuela, a la cazuela.
Una palabra aguda hiere más que un arma afilada.
A la fortuna, por los cuernos.
El que tiene a un juez como acusador, necesita a Dios como abogado.
Quien a dos amos sirve, siempre termina mal.
Dar a guardar las ovejas al lobo.