Mi cerebro es tan grande que a veces se me escurre por la nariz.
El que come y deja, dos veces pone la mesa.
A cada uno Dios da el castigo que merece.
Si no puedes lo que quieres, quiere lo que puedes.
Quien miente, pronto se arrepiente.
Bolsa llena, quita las penas.
Yo por ti, tú por otro, y no por mí.
Una mano por el cielo, y otra por el suelo.
Abril, lluvias mil.
A veces se llora de alegría.
Mi alma a Dios, mi vida al rey, mi corazón a la dama.
De petaca ajena, la mano se llena.
A gran salto, gran quebranto.
La vejez mal deseado es.
Tantos días pasan de enero, tantos ajos pierde el ajero.
El que no enseña no vende.
Ni tiñe ni da color.
Hartas riquezas tiene quien más no quiere.
De lo que ganes, nunca te ufanes; y de lo que pierdes, ni lo recuerdes.
Cuando el dedo señala la luna, el bobo mira el dedo.
Codicia mala a Dios no engaña.
Firma papel y te encadenarás a él.
Quien se casa viejo, o pierde la honra o pierde el pellejo.
A nadie le huelen mal sus pedos, ni le parecen sus hijos feos.
Ocioso y lagarto, no mueren de infarto.
Gato con guantes no caza ratones.
Puede uno entender como un ángel y seguirá siendo un demonio.
Quien mete la mano, lo pica el gusano.
El mundo es un pañuelo [a veces lleno de mocos].
Buena burra hemos comprado.
Zapatero en su banquilla, rey de Castilla.
Un carbón ardiente, hace quemar al siguiente.
El mono sabe el palo al que trepa.
A quien cuida la peseta nunca le falta un duro.
Un traguillo de vino de cuando en cuando, y vamos tirando.
En la casa del buen amo vive y muere el buen criado.
Amistad de boca, larga parola y cerrada la boca.
Quien de paja su casa ha hecho, témale al fuego.
Ya que lo tenía concertado, estorbómelo el verdugado.
Dentro del cielo tú forjas tu designio. Lo decretarás: ¿acaso te hastíes y aquí nos escondas tu fama y tu gloria en la tierra? ¿Qué es lo que decretas?
Un ochavo poco vale; pero sin él no hay real.
Dando gracias por agravios, negocian los hombres sabios.
El que hace el bien de los demás hace el suyo.
A burra nueva, cincha amarilla.
Cuento y camelo, mucho hay y poco vemos.
El joven busca la felicidad en lo imprevisto, el viejo en la costumbre
Da Dios alas a la hormiga, para morir más aína.
Amar a todos, temer a Dios tan solo.
Me importa un bledo.
A buen capellán, mejor sacristán.