Mientras ande tu asno, no le des palos.
Quien conversa con un rostro amable, llena de alegrías los corazones de los demás.
Ya que me das el consejo, dame también el remedio.
Nunca le hagas a nadie, lo que no te gusta que te hagan a ti.
Trabajar es virtud; pero trabaja tú.
Donde me va bien, ésa mi patria es.
El mono sabe el palo al que trepa.
Uno levanta la caza y otro la mata.
No hay provecho propio sin daño para otro.
El justo debe imitar al bosque de sándalo, que perfuma el hacha que lo lastima.
Gallo, caballo y mujer por su raza has de escoger.
En Mayo quien tiene un burro tiene un caballo.
Buena madera, buen oficial espera.
El que no tiene cabeza, para qué quiere montera.
A Dios se le dan las quejas, y al diablo las disparejas.
Mente sana, cuerpo sano.
¿Cómo ha de actuar mi corazón? ¿Acaso en vano venimos a vivir, a brotar sobre la tierra?
Hay gente que le das la mano y te agarra el pie.
Mucho ojo, que la vista erro.
Hacer del san benito gala.
Lo que el malvado teme, eso le ocurre; lo que el justo desea, eso recibe.
El orgullo suele ponerse la capa de la humildad.
Aquel que ríe ahora, mañana llora.
Bebe poco y come asaz; duerme en alto y vivirás.
Dando gracias por agravios, negocian los hombres sabios.
A ninguno le da pena, comer cosita buena.
El que camina, no estorba.
Abejas que tienen miel, tienen aguijón.
Cachicamo diciéndole a morrocoy conchúo
Mayo come trigo y Agosto bebe vino.
A quien no ama a sus parientes, deberían romperle los dientes.
El ojo quiere su parte
En tiempo de campaña, apaña.
El corazón engaña a los viejos.
Quien al molino va, enharinado saldrá.
Despacito y buena letra.
Amor forastero, amor pasajero.
Quien sabe ceder, sabe vencer.
Al revés te lo digo, para que me entiendas.
Al mal caballo, espuela; a la mala mujer, palo que le duela.
Fontanero remilgoso, fontanero sin reposo.
Zapatero haz tus zapatos, y déjate de otros tratos.
El oficio quita el vicio.
A gran seca, gran mojada.
Daría yo un ojo, porque a mi enemigo sacasen uno.
De tu casa a la ajena, con la barriga llena.
Bien está el pájaro en su nido.
De cornudo o de asombrado, pocos han escapado.
Por falta de un amén, que no se pierda un alma.
El mayor gusto, el vengar; la mayor gloria, el perdonar.