A viña vieja, amo nuevo.
Hasta la muerte, anda con pie fuerte.
Quien reparte la herencia antes de la muerte, se merece que le den con una piedra en la frente.
La casa ya labrada, la viña ya plantada y la suegra ya enterrada.
Cuando llega Junio, la hoz en el puño.
Dad limosna a este pordiosero, que le sobró vida y le faltó dinero.
Da de comer a un hombre y te obedecerá.
Ocasión desaprovechada, necedad probada.
Quien sus bienes da en vida, merece que le den con una porra en la barriga.
Cuanto más vieja, más pelleja.
Donde no hay regla se pone ella.
Ajo dulce ni leño sin humo.
Enfermo que bebe y no mea el diablo que se lo crea.
Candil que no tiene mecha, no aprovecha.
Esa pregunta ni se pregunta.
La mujer buena, inapreciable prenda.
A barbas honradas, honras colmadas.
Madruga y verás, trabaja y habrás.
Lo mío, mío; y lo tuyo, de entrambos.
A bestia comedora, piedras en la cebada.
Albarcas, borona y mujer, cerca de casa están bien.
A embestida de hombre fiero, ¡pies para que los quiero!.
Guárdate del agua mansa; que de la recia, ella misma te aparta.
Juventud sin salud, más amarga que senectud.
Cara más fea, la alegría la hermosea.
A la mujer y a la burra, cada día una zurra.
Quien siembra llorando, siega cantando.
Guárdate de la furia de una mujer despechada.
Ajo, agua y resina; a joderse, aguantarse y a resiganrse.
A la mujer y a la guitarra, hay que templarla para usarla.
En Mayo, leche y miel hacen al niño doncel.
Bien me quiere mi suegra, si de mi mal no se alegra.
A tal casa, tal aldaba.
No hay mejor herencia, que trabajo y diligencia.
Al que bien come y mejor bebe, la muerte no se le atreve.
Harto fue de desgraciada la que nunca la dijeron nada.
A quien amasa, una le pilla y ciento le pasa.
A tal señor, tal honor.
La sugestión obra.
A cada cabeza, su seso.
La mujer sabía edifica su casa; más la necia con sus manos la derriba.
Criado y caballo, un año.
Irse con la soga entre los cachos.
A la mujer y a la cabra, la cuerda larga.
El amor y el niño, donde les muestran cariño.
Corta despacio, que hay poco paño.
Bien te quiero y mal te hiero.
Si quieres tener la tusa, persigue bien la merusa.
Suerte te dé Dios, hijo, que el saber de nada sirve.
Hasta los animales cuidan sus crías.