De escarola y agua bendita, cada uno toma lo que necesita.
De los muertos no se hable sino bien.
Mal ajeno, para el nuestro no es consuelo.
Desvestir un santo para vestir otro.
Mal se honra hombre con lo ajeno.
Abrazo de ciego, golpe seguro.
Hay que guardarse bien de un agua silenciosa, de un perro silencioso y de un enemigo silencioso.
Tu montón y mi montón, cuanto más separados, mejor.
Lo nuevo guarda lo viejo.
Cosechas de ajos y melones, cosechas de ilusiones.
Cualquier hombre, hasta el más serio, antes cornudo que en el Cementerio.
Hijo de padre pudiente, aunque no sea honrado es valiente.
Los refranes de los viejitos son evangelios chiquitos
San Julián, guarda vino y guarda pan.
¿Me guardas un secreto, amigo?; mejor me lo guardas si no te lo digo.
Quien en tiempo huye en tiempo acude.
Berzas y tocino, manjar de vizcaíno.
Amor viejo, pena pero no muere.
Nunca se aparten de ti la misericordia y la verdad; Atalas a tu cuello, Escríbelas en la tabla de tu corazón; Y hallarás gracia y buena opinión ante los ojos de Dios y de los hombres. Proverbios 3:3-4
Para poca ventura, remedio es la sepultura.
El buey para arar, el pájaro para volar, el pez para nadar y el hombre para trabajar.
Cuando fueres a la venta, la ventera sea tu parienta.
No todos los que tienen las manos juntas, rezan.
Nunca olvides tu casa.
Trabajo hecho de paso, ayuda en más de un caso.
Gorgojo, más chico que un piojo; así de chiquito produce enojo
Abogado de ricos, mal de pobres.
Es tiempo de vacas flacas
Hablar a tontas y a locas.
La casa caída, el corral agrandado.
A la oveja mansa, cada cordero la mama.
Casa no hará, quien hijos no ha.
Al maestro, cuchillada presto.
Vos contento y yo pagada, venid a menudo a casa.
Pan de ayer carne de hoy y vino de antaño, salud para todo el año.
Bailar la trabajosa.
A tu Dios y Señor, lo mejor de lo mejor.
La tonsura el padre se las deja a los hijos.
Lo barato cuesta caro
Bien vengáis, con tal que algo traigáis; y mal, si algo os queréis llevar.
Hacer de tripas corazón.
De gran corazón; el sufrir y de gran seso, el oír.
Al hombre ocupado le tienta un solo diablo; al ocioso una legión.
El tonto con buena memoria recuerda las tonterías propias y las ajenas.
En el marido, prudencia; en la mujer, paciencia.
A la mesa de San Francisco, donde comen cuatro, comen cinco.
Casa sin madre, río sin cauce.
Las visitas son como los pescados, que a los tres días ya huelen.
Variante: A quen Dios quiso bien, casa le dio en Jaén.
Más verga que el Trica programando.