Un huésped constante nunca es bienvenido.
El que se va sin que lo echen regresa sin que lo inviten
Enero, soy caballero, según lo encuentro, lo llevo.
¡Qué buenas sois mis vecinas!, pero me faltan tres gallinas.
Barba bien bañada, medio rapada.
Gente castellana, gente sana.
Si te pica el alacrán, busca cura y sacristán.
El caballo viejo conoce bien el camino.
Qué bueno es comerse el grano sin tener que trillar la paja.
Gentes hay de mucho tono, que producen Solo abono.
Cuando te vi venir dije: "A por la burra viene".
Juegos, pendencias y amores, igualan a los hombres.
Harto da quien da lo que tiene.
Van al mismo mazo.
Llámame tío, pero no cuentes con nada mío.
La más cómoda herramienta, al perezoso le asienta.
El uso hace al maestro.
Padre, que me ahorcan; hijo, a eso se tira.
La casa hecha y el hueco a la puerta.
Dios no cumple antojos, ni endereza jorobados.
Hasta el más delgado pelo, hace una sombra en el suelo.
Pobre, feo y trillador; pide que te ayude Dios.
Muerto, ¿quieres misa?.
Las paredes oyen.
No hay gallina ponedora, que ponga un huevo cada hora.
Como las monjas de mi lugar: ni papel romper ni cuerda tirar.
Chocolate frío, échalo al río.
De lengua me como un plato.
No hay mayor beata que una puta arrepentida.
Haz bien; pero mira cómo y a quién.
Dios, si da nieve, también da lana.
No necesito niguas para ser tishudo.
Al que tienes que dar la cena, no le quites la merienda.
Cuernos que no ves, corazón que no siente.
La mujer y la guitarra para tocarlas hay que templarlas.
Cada loco con su tema.
El pez que no se ha cogido es siempre el más grande y el anzuelo siempre el más pequeño
Al viajero, jamón, vino y pan casero.
Ojo por ojo, diente por diente.
Aunque ande sin cincha, también relincha.
Comida que escasea, bien se saborea.
Desde pequeñito le amarga el culo al pepino.
Cada cual arrima su sardina a la braza.
Aceitunas: una oro, dos plata, la tercera mata.
El que tiene narices, no manda a oler.
Al avaro, es tristeza hablarle de largueza.
Santo que no es visto no es adorado.
Buena vida si refrenas tu ira.
La gracia del barbero es sacar la patilla de donde no hay pelo.
Una palabra deja caer una casa.