Fortuna te dé Dios, talento no.
El que quiere a la col, quiere las hojas de alrededor.
Dila que es hermosa y ella se volverá loca.
El que quiera comer la nuez tiene que romper la cáscara.
Pezuña sobre agua, no deja huella.
Trabaja y no comerás paja.
Todo avaro tiene un hijo gastador.
En las cosas del corazón, no manda uno, mandan dos.
Con quien no tiene más Dios que su plato, poco trato.
A la burla dejarla, cuando más agrada.
Si un hombre tiene hambre no le des un pez, enséñale a pescar.
Virtud da la vida y el vicio la quita.
Hombre entrado en días, las pasiones frías.
Cuando vuela bajo, tiempo frío anuncia el grajo.
Cada quien puede hacer de su culo un candelero.
Quien no hace nada cuando puede, tampoco lo hace cuando quiere.
A lo que no puedas, no te atrevas.
Lo que mece la cuna, hasta la muerte dura.
El peligro que no se teme, más presto viene.
Dame para elegir y me darás para sufrir.
Quien dice adiós, sin marcharse, ganas tiene de quedarse.
A hija casada, los yernos a la puerta.
La manda del bueno no es de perder.
A la mala costumbre, quebrarle la pierna.
Ata bien y siega bajo, aunque te cueste trabajo.
Al albañil no le pongas la mesa hasta que le veas venir.
Con fruto trabaja quien al principio el mal ataja.
El árbol deshojado es el amante de los ciclones.
Peso y medida quitan al hombre fatiga.
El ruin de Roma, en mentándolo asoma.
Del sabio es errar, y del necio perseverar.
Los bienes son para aquellos que saben disfrutarlos.
Por fin lo comprende mi corazón: escucho un canto, contemplo una flor: ¡Ojalá no se marchiten!
Tantos años de marqués, y no sabe menear el abanico.
Le pedí a Dios todo para gozar la vida, Él me dio vida para gozarlo todo.
Emborrachar la perdíz
La abundancia mata la gana.
Amor de niña, agua en cestillla.
Casa sin madre, río sin cauce.
Nadie diga de ninguno porque no diga de el alguno.
No voy a misa porque estoy cojo, pero a la taberna me voy poquito a poco.
Yo te hice y tú me enseñas.
En chica casa y en largo camino se conoce al amigo.
De quien mira al suelo, no fíes tu dinero.
El avaro se roba a sí mismo. El pródigo, a sus herederos.
Juventud licenciosa, vejez penosa.
Entre más estrecha la mente más grande la boca.
Mal juzga el arte, el que en él no tiene parte.
Hable bien el que sabe, y el que no, echase la llave.
Dios nos libre del hombre de un solo libro.