Para tu mujer empreñar no debes otro buscar.
Quien se casa, casa quiere.
Piedra que rueda no hace montón.
Luego que has soltado una palabra, ésta te domina; pero mientras no la has soltado eres un domador.
Una pequeña piedra es a veces suficiente para volcar un gran carro
Más vale pajarito en mano que pichón en el campo.
La mujer casta esta siempre acompañada.
Necesidad disimulada es necesidad doblada.
A cada uno Dios da el castigo que merece.
Si oyes un solo trueno, ten por seguro el mal tiempo.
La más fina mula, patea y recula.
Suerte te dé Dios, hijo, que el saber de nada sirve.
El tropezón enseña a sacar el pie.
Que convenga, que no convenga, Dios quiere que todos tengan.
A días claros, oscuros nublados.
Siembra buenas obras, y cogerás frutos de sobra.
San Lorenzo calura, San Vicente friura, uno y otro poco dura.
Quien te hace fiestas que no te suele hacer, o te quiere engañar, o te hará menester.
A ropa de terciopelo, dos dueñas y su escudero.
A camino largo, paso corto. Para cansarse menos.
La hermosura es flor de un día, hoy no luce, ayer lucía.
Comadre andariega, donde voy allá os fallo.
Otoño entrante, uvas abundantes.
Te pido hojas y me traes ramas.
Prohíbe a un tonto que haga una cosa, y eso es lo que hará.
Como me crecieron los favores, me crecieron los dolores.
Ser capaz incluso de atar al diablo a una almohada.
¡Sé siempre el primero, incluso para los golpes!
Hay desgracias con suerte.
Del viejo, el consejo; de la vieja, la conseja.
El que de mozo no corre su caballo, lo corre de casado.
Bolsa llena, quita las penas.
Acometer hace vencer.
Haz favores y harás traidores.
Quien a otra ha de decir puta, ha de ser ella muy buena mujer.
El infortunio pone a prueba a los amigos y descubre a los enemigos.
Naranjas y mujeres, den lo que ellas quisieren.
Sirva de algo mientras se muere.
Asno de dos, válgale Dios.
Otoñada segura, San Francisco la procura.
Honra y dinero no caminan por el mismo sendero.
Quien lleva toda su vida a su mujer sobre la espalda, cuando la deja en el suelo, ella dice: ¡Estoy fatigada!.
Las tres ges de quien sabe ser amo de su casa: ganar, gastar y guardar.
El que ha de morir a oscuras, aunque muera en velería.
Lluvia y sol, casamiento de vieja.
A heredad vieja, heredero nuevo.
Juicios tengas, y los ganes.
Bofetón amagado, nunca bien dado.
Al dibujar una rama es necesario escuchar el soplo del viento.
Hijos criados, duelos doblados; y casados, redoblados.