Para acertar mejor, echarlo a lo peor.
Susto meado mejor que sangrado.
El que fía, o pierde o porfía.
Quien gasta y miente, su bolsa lo siente.
Al freír, será el reír y al pagar será el llorar.
Lo poco gusta, lo mucho cansa.
Vale mucho más morir intentándolo que vivir toda tu vida lamentándolo.
Hijo de puta no es nacer, es más bien saberlo ser.
Al tomar mujer un viejo, o tocan a muerto o a cuerno.
El que dice tener palabra, al final no te cumple nada.
Recordar algo malo, es como llevar una carga para la mente.
Con estudiante y soldado, mozuelas, mucho cuidado.
Haz turismo invadiendo un país.
A mucho porfiar, ¿quién se resiste?.
A la moza, con el mozo, y al mozo con el bozo.
Andar, andar que aún queda el rabo por desollar.
La vida es así, y el día es hoy.
La alegría rejuvenece, la tristeza envejece.
El olor de la agena fama, al envidioso atafaga.
La buena suerte, durmiendo al hombre le viene.
En la mesa y en el juego, se conoce al caballero.
O la bebes o la derramas.
La vida es un gorro; unos se lo ponen, otros se lo quitan.
Más presto se harta el cuerpo que el ojo.
En gran casa, gran gasto se amasa.
El tiempo es padre de la verdad y a relucir la sacará.
El amigo ausente, como si fuese presente. Has de estimarlo y tenerlo en memoria.
Vino y mujer, te ponen al revés.
De la mujer el consejo apresurado, del hombre el postrero y mesurado.
¡Mira que dicha, perder el asno y encontrar la cincha!.
La naturaleza, el tiempo y la paciencia son los tres grandes médicos.
La diligencia nunca se quejo de la fortuna.
El mico no ve su rabo, pero ve el del compañero.
En caso de duda, la más tetuda.
Al fraile y al puerco, mostradle una vez la casa que el se vendrá luego.
Cortesía de boca, mucho consigue y nada cuesta.
Con buena gente, trataré yo; con gentuza, no.
Cuando el hombre llega al extremo, aparece la oportunidad de Dios.
Refranes viejos son verdaderos.
Confía tus secretos a un amigo y te tendrá cogido por el cuello
La fortuna enloquece a lo mismos que favorece.
En casa y en amores, entras cuando quieres y sales cuando puedes.
La vida es una cuarentena para el paraíso.
Quien una vez fue ladrón, reincide si halla ocasión.
Ciertas son las trazas, después de las desgracias.
No da quien tiene, sino quien quiere.
Pensar no es saber, y más en tiempo de vendimias.
Los pecados de la juventud se pagan en la vejez.
Enseña la cautela que debe observarse para confiar un secreto, pues muchos, so capa de amistad, abusan del sigilo.
El sueño es media vida y la otra media la comida.