De desgraciados está el mundo lleno.
De lo que más te salga al paso, no hagas caso.
Mal año o buen año, cuatro caben en un banco.
Tres pocos valen más que muchos: poco sol, poca cena y poca pena.
Oir a todos, creer a pocos.
Quien envidioso fuere, antes de tiempo fuere, antes de tiempo muere.
Las ideas están exentas de impuestos.
Fíngete en gran peligro y sabrás si tienes amigos.
Alforjas llenas quitan las penas.
Felicidad y cristal: ¡cuán fácilmente se quiebran!
Al cabo de la jornada, no tener nada.
La última cuenta la paga el diablo.
Una vida inútil es una muerte prematura.
La verguenza es último que se piedre.
Pronto y bien, rara vez juntos se ven.
Labra bien y corta justo, y saldrá la obra a tu gusto.
Yegua cansada, prado halla.
Sal derramada, quimera armada.
Del necio, a veces, buen consejo.
De Dios a abajo, cada cual vive de su trabajo.
Con amigos así no hacen falta enemigos.
Vino, amigo y aceite, cuanto más antiguo más ferviente.
La confianza en la vida se encuentra cuando el espíritu se siente profundamente tranquilo
A gran pecado, gran misericordia.
No dispongas para ti pesos con defecto: serán abundantes en penas por la voluntad del Dios.
Amigos y libros: pocos y buenos.
Pa' todo hay fetiche.
Ándame yo caliente y ríase la gente.
El que ambiciona lo ajeno, pronto pierde lo propio.
Dinero de canto, se va rodando.
Hijo de gato caza ratón.
Solo posees aquello que no puedes perder en un naufragio.
Tiempo pasado siempre es deseado.
Donde lo hay, se gasta.
Ten tu arca bien cerrada, y la llave ben garda.
Hogar, llama, bodas y bodas, sueños de todas.
El que nada debe, nada ha adquirido a plazos.
Eres lo que comes.
Favores harás, y te arrepentirás.
Acostarse temprano y levantarse temprano hacen al hombre saludable, rico y sabio.
Mientras dura, vida y dulzura.
El casado casa quiere.
Cuando pobre, franco; cuando rico, avaro.
En San Antonio todo puerco es bueno.
Cuando los números hablan se acaban las discusiones.
La juventud del viejo está en el bolsillo.
La gloria, a la larga, se torna amarga.
Al galán y la dama, el diablo los inflama, y la ocasión le hace la cama.
Al terco, dale dos higas pero no lo contradigas.
No desesperes: de las nubes más negras cae un agua que es limpia y fecunda.