Oye, ve y calla, y vivirás vida holgada.
Primero, pensar y después, hablar.
Boca que no habla, Dios no la oye.
El río, por donde suena se vadea.
El hablar es plata y el callar es oro.
Cacarear y no poner, bueno no es.
Hablar a tontas y a locas.
El que no tiene opinión, se aprende cualquier canción.
Buen atiento, poner la capa según viniere el viento.
A lo lejos mirar y en casa quedar.
A borrico desconocido, no le toques la oreja.
Oigo mi gallo cantar, pero no sé en que corral.
Si en Mayo oyes tronar, echa la llave al pajar.
Es más fácil hablar que saber guardar silencio.
Oir a todos, creer a pocos.
Los oídos no sirven de nada a un cerebro ciego.
A quien mal canta, bien le suena.
Si deseas la paz, amistad y elogios? escucha, mira y ¡sé mudo!
Callar como puta tuerta.
Es gente discreta, quien aguza el ojo con la lengua quieta.
Ver es creer, pero sentir es estar seguro. Y cuando debemos sentir, pensamos.
Habla no cuando quieras, sino cuando puedas.
El que anda en silencio, cazar espera.
Buena pata y buena oreja, señal de buena bestia.
Calles y callejas tienen orejas.
Gozar al pedir, al pagar sufrir.
La boca que no habla se escucha con dulzura.
Hablar con boca prestada, sabe bien y no cuesta nada.
Más vale callar que con borrico hablar.
Dar para recibir, no es dar sino pedir.
La caca, callarla, limpiarla o taparla.
El que tiene la plata pone la música.
Maldiciones de putas viejas, no comprenden mis orejas.
El hablar mismo idioma.
Consejo no pedido, consejo mal oído.
Por una oreja entra y por otra sale.
Dicen que el hombre no es hombre hasta que no oye su nombre de labios de una mujer.
Zurrianme las orejas; reniego de putas viejas.
Miren quién habló, que la casa honró.
Malo es callar cuando conviene hablar.
Aunque mucho suena, solo echa aire la trompeta.
El día tiene ojos, la noche tiene oídos.
Donde hablen, habla; donde ladren, ladra.
Mucho saber, menos ignorar es.
Cuanto en tu casa me metí, mejor callar lo que vi.
Cada cual hable de aquello que sabe, y de lo demás que calle.
Cuando el burro mueve oreja, guárdate bajo teja.
Ni firmes sin leer, ni hables sin ver.
Para bien hablar, antes bien pensar.
En la juventud aprendemos, en la vejez entendemos.