Gusto secreto, no es gusto entero.
En arca abierta, el justo peca.
Que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha.
El hambre y la suerte esquiva, son fuentes de la inventiva.
Tenemos dos ojos para ver mucho y una boca a hablar poco.
Hija, no comas lamprea, que tienes la boca fea.
Si quieres empobrecer sin sentir, mete obreros y échate a dormir.
Nada tiene al que nada le basta.
Hasta la reina, necesita de su vecina.
Hambre matada, comida acabada.
Dios me dé contienda con quien me entienda.
Casa con dos puertas, mala es de guardar.
Mira a tu suegra, así será tu mujer de vieja.
Madre e hija caben en una camisa; suegra y nuera, ni en una talega.
La traición place, más no el traidor que la hace.
Fía mucho, más no a muchos.
Prefiere la deshonra de la caída, a la deshonra de las muletas.
Rey serás si hicieres derecho, indigno de ser rey si hicieres tuerto.
Al que al cielo escupe, en la cara le cae.
Juncos aunados, por nadie quebrados.
El mal oficial le echa la culpa a la herramienta.
Dios te guarde de tahonero novel y de puta de burdel.
Mujer ventana, poco costura.
Quien guarda el manjar que tiene, se le va, o se le reviene.
Jurado ha el espejo no hacer lo blanco negro.
Casada que va a fiestas, cuernos en cestas.
Hacienda de pluma, poco dura.
En el juego del poder no se trata con quien se desea, sino con quien hay necesidad.
Es tonta la oveja que va a confesarse con el lobo.
Amor de puta y fuego de aulagas si presto se enciende, presto se apaga.
Manos limpias y uñas cortas, no amasaron, malas tortas.
Buenas palabras no te quitan dinero del arca.
Quien calladamente arde, más se quema.
A la ruin oveja la lana le pesa, y al ruin pastor el cayado y el zurrón.
El que fía, o pierde o porfía.
Harto fue de desgraciada la que nunca la dijeron nada.
Los hijos de Verdolé, que le enseñan a su padre a joder.
Es mejor deber dinero y no favores.
La hija paridera, y la madre, cobertera.
Al trabajo, por su vejez, no le engañan ni una ve.
Cada oveja con su pareja.
Quien carece de talento, echa siempre el mismo cuento.
La mujer decente, sufre más que se divierte.
La suerte es de quien la tiene.
El asno no quiere espuela, sino vara con aguijón que le duela.
La confianza mató a su amo.
Cabra por viña, cual la madre tan hija.
No sufras por calenturas ajenas.
El que tiene ictericia, todo lo ve pajizo.
Nadie se meta donde no le llaman.