La pereza y el fracaso, andan cogido del brazo.
Quiéreme poco pero continúa
A burra vieja, albarda nueva.
La oportunidad se escapa por los pelos.
El andar de la madre, tiene la hija. Siempre salen los cascos a la botija.
A donde no está el dueño, no está su duelo.
Para regalo de boda, manda lo que en tu casa estorba.
Mujer de tahúr, no te alegres, o que ti home esta noche gana mañana lo pierdes.
De hambre a nadie vi morir; de mucho comer, cien mil.
Donde hay hambre no hay pan duro.
Harto ayuna quien mal come.
Amigo y vino deben de ser añejos.
Que chulo tu chucho colocho
La belleza passa, la sabiduría permanece.
A traidor, traidor y medio.
Al fuego porque se apaga, al fraile porque se inflama.
Antes de poner en duda el buen juicio de tu mujer, fíjate con quien se ha casado ella.
Da generosamente sin esperar nada a cambio. Así nunca te decepcionarás y hallarás a menudo agradables sorpresas.
Más vale aliento de madre que leche de ama.
A cuenta de los gitanos hurtan muchos castellanos.
Fiar de Dios el alma, más no la capa.
Si quieres que el ciego cante, la limosna por delante.
El que jura miente.
Ni lleves cohecho, ni sueltes derecho.
Un amigo es como la sangre, que acude a la herida sin que la llamen.
La esperanza es un buen desayuno; pero una mala cena.
En casa mal gobernada, más vale plaza cara que despensa abastada.
La suerte no es para quien la busca.
No hay mejor palabra que la que está por decir.
Más puede Dios que el diablo.
La zorra nunca se mira la cola.
Gente de montaña, gente de maña.
Internarse en una montaña infestada de tigres, a sabiendas de que los hay.
De cielos abajo, cada uno come de su trabajo.
Pesar compartido, pronto es ido.
En la felicidad, el corazón se funde como la nieve en primavera
De pequeña centella se levanta el gran fuego.
Quien prestó, perdió.
Palabra dada, palabra sagrada.
Ocasion perdida, no vuelve más en la vida.
La boca del justo profiere sabiduría, pero la lengua perversa será cercenada.
El hombre que se enoja se derrotará a sí mismo en el combate, lo mismo que en la vida.
La madre y la hija, por dar y tomar son amigas.
No menosprecies, hijo mío, el castigo de Jehová, Ni te fatigues de su corrección; Porque Jehová al que ama castiga, Como el padre al hijo a quien quiere. Proverbios 3:11-12
Cuanto en tu casa me metí, mejor callar lo que vi.
En cada pago, su viña, y en cada barrio, su tía.
A cada renacuajo dio Dios su cuajo.
El rosario en el cuello, y el diablo en el cuerpo.
Nadie tira piedras a su propio tejado.
En el pedir no hay engaño.