Bocado engullido, su sabor perdido.
Es más agrio que un limón.
Madre pía, daña cría.
Cada cual a lo suyo.
Acude al sabio para el consejo y al rico para el remedio.
Para San Antón, gallinita pon.
Si no haces lo que te gusta búscale el gusto a lo que haces.
Buena cuenta es toma y daca, y todas las demás, caca.
No te cases con mujer, que te gane en el saber.
Favorece a los tuyos primero, y después a los ajenos.
Se dice el milagro pero no el santo.
Ni cena sin vino, ni olla sin tocino.
En Gumiel de Izán, tan malo es el hombre como el pan.
Donde no hubo dolor, no hay caridad ni amor.
Volverse humo.
Quien de valor hace alarde, tiene mucho de cobarde.
Hay una puerta por la que pueden entrar la buena o la mala fortuna, pero tú tienes la llave.
Nunca buena puta ventanera, pues que no halla quien la ocupe y quiera.
Vivir juntos es endemoniarse juntos.
Al hombre valiente, espada corta.
Los amantes de Teruel, tonta ella y tonto él.
A quien le duele la buba, ese la estruja.
Habla bien de alguien y te hará quedar mal.
Campana de latón, tiene mal son.
Los negocios hacen a un hombre y al mismo tiempo lo prueban.
No vayas de romería, que te pese al otro día.
Tres españoles, cuatro opiniones.
Pan y navaja poco alimento es para el que trabaja.
Si se vierte el salero, faltará la sal, pero no el agüero.
En la mesa y en el juego, se conoce al caballero.
A veces, el flaco derriba al fuerte.
En negocios de mucho tomo, ándate con pies de plomo.
El que nada duda, nada sabe.
Los enamorados, no ven a los lados.
El follo del santo, no hiede tanto.
Olla sin tocino y mesa sin vino, no valen un comino.
O bien no emprender nada, o bien asombrar a todo el mundo con cuanto emprende.
Al mal cocinero le estorban hasta las cucharas.
Lo único permanente es el cambio.
Nuestro gozo en un pozo.
Que la haga el que la deshizo.
El flojo y el mezquino recorren dos veces el camino.
Los que temen una caída están medio vencidos.
El que las sabe, las tañe.
Cuando otro sufre, es madera que sufre.
¡Somos gente pacifica y no nos gusta gritar! (Transición española)
Quién será útil a otro, cuando no lo es a sí mismo?
La miseria es como la tos, no se puede esconder.
Un tropezón puede prevenir una caída.
Dijo la sartén al cazo: ¡apártate gorrinazo que me tiznas!.