Oír, ver y callar, para con nadie tropezar.
De tal árbol tal astilla.
Lentitud en prometer, seguridad en cumplir.
A mucho hablar, mucho errar.
A caballo ajeno, espuelas propias.
mas puto ke joakito dandole a un ornitorrinco africano en celo.
Yunta buena o yunta mala, el buer arador, bien ara.
Ahorra, ahorrador, que y vendrá el derrochador.
Beber, hasta la hez.
Decir y hacer dos cosas suelen ser.
Palabras blandas te pondrán en andas.
Irse con la soga entre los cachos.
Junto al buey viejo aprende a arar el nuevo.
¿Para qué quiere el ciego la casa enjalbegada, si no ve nada?.
Una vez engañan al prudente y al necio veinte.
El hombre haragán trabaja solo al final.
Arandino, borracho fino.
Maderos hay que doran, maderos hay que queman.
Quien sabe esperar, sabe lograr.
No empeñes las prendas, mejor que las vendas.
Por miedo de pajarillos, no dejes de sembrar mijo.
Más vale aprovechar que tirar.
Aborrecer tras haber querido, mil veces ha sucedido y mil más sucederá.
En enero, plante ajero; a finales, que no a primeros.
Pegue una aguja y se perfore (para ver cómo lastima) antes que usted perfore en otros.
Alábate cesto, que venderte quiero.
El que de ilusiones vive, de desengaños perece.
Más vale pajarito en mano que pichón en el campo.
El haragán es el hermano del mendigo.
De el comer y el rascar, el trabajo es comenzar.
En vino y en moro, no pongas tu tesoro.
No dar ni recibir, sin escribir.
Hablar de la mar, y en ella no entrar.
El menor yerro que podría hacer, es casarse la mujer.
La casa del que se burla, acaba incendiándose.
Con buen vecino, casarás tu hija y venderás tu vino.
Jugar vive pared en medio del hurtar.
Compra la lanza apuntada a tu corazón si no quieres sentir su punta.
Hacerse el ignorante para chupar manteca.
Hablar a tontas y a locas.
Fiar, en Dios y en otro no.
Para la mi santiguada, que de donde vino el asno venga la albarda.
Quien está enamorado de las perlas se tira al mar
El trato engendra el cariño.
Quien siembra, siega.
Zurcir y remendar y mejores tiempos esperar; y si no vinieren, será lo que Dios quisiere.
Hiérese el cuerdo, porque no se ahorque el necio.
No le mires la espiga en el ojo ajeno, sin ver la que hay en el tuyo.
Al segar ser bien pagado, dice al estercolador, su sembrado.
Carne en calceta, para quien la meta.