Hasta el final nadie es dichoso.
Lo que se otorga a la amistad vuelve multiplicado
No busques en el amigo riqueza, ni nobleza, sino buena naturaleza.
No existe felicidad sobre la tierra que no lleve su contrapeso de desgracias
Entre casados y hermanos no hay que meter las manos.
En tiempo de guerra cualquier hoyo es trinchera.
Aborrece y serás aborrecido; quiere con amor de verdad y serás correspondido.
Caridad contra caridad no es caridad.
Los yerros del médico encubre la tierra; los del rico la hacienda.
Más vale hacer frente al peligro una vez que vivir siempre con temor.
El que con tontos anda es por sacarles la pasta.
Mal vecino es el amor, y do no lo hay es pero.
Injuriada la paciencia, a veces en ira quiebra.
No hay que ensillar sin antes traer las bestias.
Del mal que uno huye, de ese muere.
La avaricia rompe el saco.
El hombre al mendrugo, y el buey al yugo.
Avaricia de tío, hacha de sobrino.
Ni fea que enfade, ni hermosa que se codicie.
Otoño e invierno, mal tiempo para los viejos.
Zapaticos de charol, ni para el frío ni para el calor.
El que a cuchillo mata a cuchillo muere.
Consejo de quien bien te quiere, escribelo aunque no lo apruebes.
Putas y toreros, a la vejez os espero.
Quien bien tiene y mal escoge, si sale mal que no se enoje.
Un benefactor es el que me hace bien, incluso aunque haga mal a todo el mundo.
Hablo de la gente de nuevo cuño.
Boca cerrada y ojo abierto, no hizo jamás un desconcierto.
Mal acierta quien solo el interés se lleva.
Entre el león y el ratón no cabe comparación.
Tirar la piedra y esconder la mano.
Cada cual es dueño de su miedo.
Cada año trae su daño, y cada día su acedía.
Pena de muerte tiene el que a viejo no llegue.
Nadie ponga al fuego su olla vacía esperando que el vecino se la llene de carne.
Si comes cerezas con los poderosos te arriesgas a que los huesos lluevan contra tu nariz.
Carta cortés, cada dos renglones, mentiras tres.
Quien sabe ceder, sabe vencer.
En la unión está la fuerza.
A quien a soplos enfría la comida, todos le miran.
De la boca del ladrón, todos lo son.
El interés dueño del mundo es.
La necesidad tiene cara de hereje.
A hombre jugador y a caballo correlón, ¡ay qué poco les dura el honor!.
A quien el vino no plazca, Dios le quite el pan.
Con vehículos y gentes, debemos ser muy prudentes.
Entre hermanos, dos testigos y un notario.
La ley es como los perros: que solo muerde a los de ruana.
A quien se aventura, Dios le ayuda.
Falsos diamantes no engañan a nadie sino en pueblos grandes.